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En un extenso discurso, Xi Jinping, el líder de China, elogió a la ciudad de Shenzhen y la puso como ejemplo del potencial de transformación económica de su país luego de 40 años de crecimiento sostenido.

Xi comenzó en Shenzhen su gira por el sur de China con el objetivo simbólico de relanzar desde allí, donde se entiende que “todo comenzó”, su liderazgo y, a la vez, una nueva etapa de crecimiento del país.

El presidente chino deposita todas sus esperanzas en Shenzhen, para que esta ciudad sea un ejemplo para el resto de China, al renovar lo hecho por el ex líder Deng Xiaoping, quien experimentó en esa ciudad y luego aplicó la estrategia en el resto del país.

Todos en China entienden que la “experiencia Shenzhen” fue clave para convertir al país en la segunda economía más grande del mundo.

Xi Jinping busca relanzar su liderazgo

Xi dijo que su país enfrenta “nuevos desafíos” y le pidió a la ciudad que haga “una nueva contribución” a la prosperidad nacional. Señaló que en el pasado “ha abierto un camino” al experimentar con prácticas de mercado que luego fueron exitosas.

Bajo la dirección del ex líder supremo Deng, China pasó de ser uno de los países más pobres del mundo a finales de la década de 1970 a uno de los más prósperos de la Tierra.

Shenzhen empleó métodos capitalistas en la producción y el comercio (antes consideradas un tabú), pero lo hizo sin amenazar el control del poder del Partido Comunista.

En Shenzhen en particular, convirtió a la ciudad que era un pueblo de pescadores atrasado ubicado al norte de Hong Kong, en una metrópoli internacional que alberga a 13 millones de habitantes y hoy es la ciudad más poderosa de China, con miles de empresas de alta tecnología y financieras instaladas.

Shenzhen es sede del gigante tecnológico Huawei.

“El mundo de hoy está experimentando grandes cambios que no se habían visto en un siglo, y la propagación mundial de la pandemia de coronavirus ha acelerado el proceso”, dijo Xi Jinping.

Las políticas aplicadas primero en Shanzeng, posteriormente se aplicaron en todo el país, convirtiéndose así en el núcleo de la estrategia de crecimiento de China y un modelo de desarrollo alternativo a la combinación occidental de mercados libres y democracia liberal.

Xi dijo que el éxito económico de Shenzhen, que ahora tiene una economía más grande que Hong Kong, mostró al mundo “el poder ilimitado de la reforma y apertura de China, así como las brillantes perspectivas del socialismo con características chinas”.

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Tiempos de cambio

Los dichos de Xi llegan cuando hay dudas respecto de si China podrá continuar con su impresionante crecimiento, ya que Estados Unidos ahora la apunta como una competidora estratégica en el comercio, la tecnología, la geopolítica y la ideología.

Shenzhen se ha convertido en una de las ciudades chinas más expuestas a las hostilidades, con Huawei, el gigante tecnológico de esa ciudad, bajo una presión cada vez mayor por parte de la administración de Donald Trump.

Xi está de gira por el sur de China para conmemorar el 40 aniversario de la zona económica especial de Shenzhen.

El presidente chino no nombró a Estados Unidos en su discurso, que fue transmitido en vivo por todos los principales medios de comunicación estatales, pero dijo que el mundo se está volviendo más agresivo con China.

“Los patrones económicos, tecnológicos, culturales, de seguridad y políticos están pasando por profundos ajustes y el mundo ha entrado en un período de turbulencias y transformaciones”, apuntó Xi. Y agregó: “China no se verá obstaculizada por vientos en contra ni olas de retroceso”.

“Debemos estar en el lado correcto de la historia para expandir inquebrantablemente la apertura”, dijo.

La nueva estrategia económica de China se basa en la demanda interna para compensar la inestabilidad externa, pero aún “tenemos eslabones débiles y deficiencias que hay que optimizar”, dijo Xi.

“La reforma ha llegado a una encrucijada histórica, muchos problemas no tienen precedentes: la complejidad, la sensibilidad y la dificultad de avanzar en las reformas iguales que hace 40 años”, agregó.

China enfrenta un aumento de la deuda externa, el aplanamiento de la productividad y la reducción de su población activa.

La tasa de crecimiento del producto interno bruto en Shenzhen se desaceleró al 6,7 por ciento en 2019, muy por debajo de la tasa de crecimiento económico anual promedio de la ciudad del 25,8 por ciento en los últimos 30 años.

Shenzhen disfrutó de un fuerte apoyo internacional en sus primeros años de reforma, pero esa ayuda ya no llega en la misma proporción, y eso también es un problema.

Xi volvió a decir que China debe reducir su dependencia de la tecnología extranjera como respuesta a las sanciones de Estados Unidos que amenazan con privarla de componentes de alta tecnología, como semiconductores, por ejemplo.

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