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El semanario británico dijo que Kristalina Georgieva debe abandonar el cargo después del escándalo desatado en el Banco Mundial. La funcionaria aparece vinculada con la manipulación de datos del organismo cuando se desempeñó como directora general.

En uno de sus editoriales titulado “Por qué la cabeza del FMI debe renunciar”, la publicación afirma que la directora del Fondo Monetario Internacional (FMI) ya no debe continuar en el cargo, puesto que su credibilidad está socavada tras las incendiarias revelaciones.

The Economist alude a una investigación independiente  fechada el 16 de septiembre, donde se determinó que Georgieva fue una de las personas que ejerció presión sobre el personal del Banco Mundial para que modificaran datos de desempeño económico favorables a China.

La investigación arrojó que la funcionaria influyó para maquillar los datos sobre la economía china en el informe anual “Doing Business”, correspondiente a 2017, mientras estuvo trabajando en el organismo multilateral de crédito.

Según la publicación británica, “en 2003 el Banco Mundial lanzó una tabla de clasificación que evaluó la facilidad para hacer negocios en diferentes países del mundo. En 2017, Li Keqiang, el primer ministro de China, se quejó de que su país se estaba quedando atrás de sus pares”.

Luego detalló que “a instancias suyas, los funcionarios comenzaron a liberar a los empresarios de la burocracia y la tinta carmesí. Redujeron las tarifas, simplificaron las aprobaciones y comenzaron a utilizar sellos electrónicos en lugar del tradicional sello de tinta en muchos documentos”.

La directora del FMI, Kristalina Georgieva con el presidente chino Xi Jinping

El FMI podría terminar salpicado

El editorial publicado en la sección Líderes del informe, señala que “aunque la señora Georgieva merece simpatía, el episodio no calza bien con su actual rol en el FMI”. Afirma que “el Fondo tiene su propio e influyente departamento de investigación y es también el custodio de los estándares de elaboración de los estadísticas macroeconómicas mundiales”.

Luego indica que “la cabeza del FMI debe tener capacidad de arbitrar cuando dos de sus más grandes accionistas, EE.UU. y China, confrontan en una nueva era de rivalidad geopolítica”. De acuerdo con la revista, este “escándalo socavó la credibilidad” de la funcionaria de origen búlgaro.

Adicionalmente, menciona que las andanzas de la economista al frente del FMI, incluso, podrían terminar salpicando también la reputación del organismo de crédito.

“Los críticos del multilateralismo ya citan este episodio como evidencia de que las instituciones multilaterales no son capaces de plantársele a China”, comentó la publicación.

Y agregó: “la próxima vez que el FMI trate de arbitrar una disputa cambiaria o ayude a reestructurar la deuda de un país que ha pedido créditos de China, los críticos del FMI seguramente citarán esta investigación, para socavar la credibilidad de la institución”.

Resaltó The Economist que “por eso la Sra. Georgieva, una estimada funcionaria de varias instituciones internacionales, debería dimitir. Una vez que se evitó la vergüenza de China, agradeció a un investigador principal por ‘hacer su parte por el multilateralismo’”.

La funcionaria desmiente las acusaciones

Georgieva quien ocupa el cargo de directora gerente del FMI desde 2019, comentó las acusaciones en su contra hace varios días y dijo que no eran ciertas. “Ni en este caso, ni antes ni después, he presionado al personal para que manipule los datos”, indicó.

En una entrevista con el New Yor Times, la funcionaria dijo que podía quizás pedirle al personal que “verifiquen una, dos veces, tres veces, pero nunca que cambien, nunca que manipulen lo que nos dicen los datos”.

Para Paul Romer, Premio Nobel de Economía Paul Romer, quien se desempeñó como economista jefe del Banco Mundial durante el mandato de Georgieva, los empleados e integrantes del FMI “tendrán que tomar una decisión sobre si se sienten cómodos con ella y continuará en ese puesto. Creo que deberían pensar en sus opciones”.

Romer, fue uno de los críticos del informe “Doing Business”, al que acusó de “encubrir” y “blanquear” temas controversiales. Después de manifestar públicamente su desacuerdo con la forma cómo se elaboraba el informe renunció al cargo en 2019.

Después de la investigación, el Banco Mundial decidió eliminar sus famosos rankings de “Doing Business”. En el documento los países eran clasificados en función de varios aspectos incluyendo las regulaciones comerciales y las reformas económicas. En él competían los gobiernos por ocupar los primeros puestos para atraer inversiones.

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