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Con los habitantes de las grandes ciudades de buena parte del mundo cumpliendo distintos niveles de cuarentena y aislamiento social por el avance del coronavirus Covid-19, un negocio se ha vuelto prácticamente inviable.

Estamos hablando del alquiler de patinetes (o monopatines) eléctricos: sin gente en las calles ni destinos a donde trasladarse porque no hay trabajo en lugares “físicos” que realizar, no hay ingresos. Y sin ellos, por supuesto, no hay compañía que pueda sostenerse por mucho tiempo.

Uno de los casos más graves es el de la compañía Bird, que anunció que se desprenderá del 30 por ciento de sus trabajadores debido a la crisis derivada de la pandemia.

Según la información publicada por TechCrunch, la crisis la llevó a la junta directiva de la empresa a hacer un fuerte recorte en la plantilla. También decidió que les seguirá ofreciendo tres meses de seguro de salud a todos los afectados.

Días atrás, cuando el coronavirus comenzó a mostrar su impacto en occidente, Bird había decidido suspender sus servicios en 20 ciudades de Europa y los Estados Unidos.

Travis VanderZanden, CEO, dijo en un comunicado hecho público que la decisión estuvo forzada por una situación [el efecto de la pandemia] que “está fuera del control” de la compañía y que le “duele profundamente” dejar de contar con recursos humanos que calificó como “increíbles”.

Bird no es el único sistema de renta de patinetes eléctricos que está en problemas.

Uno de sus competidores, Lime, también anunció que puso en pausa su presencia en todos los mercados, con la excepción de Corea del Sur.

Precisamente Lime está buscando fondos para sobrevivir. De acuerdo con The Information, la empresa está tratando de sumar unos US$ 400 millones entre potenciales inversores, una cifra notablemente menor que los casi 2.500 millones en que estaba valorada en 2019, antes de la pandemia.

Las cosas ya venían mal para Lime, en enero de 2020, Brand Bao, su CEO, decidió salir de un grupo de ciudades consideradas no rentables. Bao dijo que querían seguir “transformando la movilidad urbana” pero que eso también requería de “independencia financiera”, algo que no estaba logrando Lime en algunos mercados.

Ese recorte también se tradujo en que se desprendiera de un centenar de trabajadores, el 15 por ciento de su fuerza laboral.

En los Estados Unidos, Lime se fue de Atlanta, Phoenix, San Diego y San Antonio. En Europa, de Linz, Austria; y en América Latina, de Bogotá (Colombia), Buenos Aires (Argentina), Montevideo (Uruguay), Lima (Perú), Puerto Vallarta (México), Río de Janeiro y Sao Paulo (Brasil).

Antes, en diciembre de 2019, Lime cerró el servicio LimePod que funcionaba en Seattle y mediante el cual se podía rentar un auto eléctrico por medio de una app de la empresa.

Bolt, la multinacional de la micromovilidad de origen estonio y que cuenta con 25 millones de usuarios en casi 30 países, también está decidiendo qué hará para enfrentar los graves inconvenientes derivados de la pandemia.

Una investigación de McKinsey dice que el negocio de la micromovilidad en ciclomotores, bicicletas y patinetes llegará a una cifra enorme en 2030. De acuerdo con el estudio, movilizará en el mundo unos US$ 500.000 millones.

De ese total, una tercera parte estará en los distintos países de Europa. A España le podría tocar una tajada de unos 10.000 millones, siempre hablando de 2030.

Igualmente, hay que tener en cuenta que el estudio es previo a la crisis del coronavirus, que podría derivar en una explosión del “home office” y hacer retroceder las expectativas de micromovilidad urbana.

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