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El camino escogido por las grandes corporaciones de petróleo y gas para adecuar su estrategia medioambiental de cara a los próximos años, será decisivo para las empresas. Y en el centro de esta adecuación, está la disminución de las emisiones de carbono, punto esencial del proceso interno de transformación.

Royal Dutch Shell, una de las corporaciones petroleras de mayor experiencia y trayectoria recién ha constatado esta tendencia al anunciar que se propone la reducción de 20% en la intensidad neta de carbono durante la presente década. Comenzando con un 6% a 8% en los próximos dos años, para ello estima una inversión anual superior a unos 5.000 millones de dólares.

Los mayores cambios en un siglo

La presión social por el cambio climático y el tema de salubridad asociado a la irrupción del Covid-19, están llevando a su fin modelos de negocios que prácticamente permanecieron inalterables durante el último siglo. Algunos, incluso, lo comparan con el efecto que produjo la llegada de Internet.

Y las empresas realizan sus ajustes. 10% de las actividades totales, según la nueva estrategia de negocios de la empresa Shell, se enfoca en las energías limpias. Esta es una de las estrategias empresariales más agresivas para reducir las emisiones de CO2 en el sector petróleo y gas.

El desafío por la reducción también involucra a competidores como BP, Total o ExxonMobil, las mayores corporaciones vinculadas al mercado petrolero. En principio, sus acciones lucen moderadas en proporción a la apuesta del gigante holandés.

“Royal Dutch Shell dijo que la producción de petróleo caerá entre un 1% y un 2% anual”. Según lo dio a conocer el reporte divulgado por parte de la agencia Blomberg, con base en el informe de la Compañía.

La medida forma parte de su estrategia para adecuarse al nuevo modelo medioambiental. Ha ayudado también la presión del impacto económico generado por la crisis petrolera y que agudizó el tema sanitario. El hecho, ocurre en paralelo a la estrategia de la compañía para adaptar su proceso de conversión hacia fuentes de energía más limpias y en menor tiempo.

Shell no es la única empresa comprometida en la reducción de CO2. Alrededor de 20 grandes conglomerados vinculados al sector petróleo y gas tienen la mira puesta en un escenario a cero neto de emisiones de carbono. Este mismo compromiso es compartido por casi una decena de las principales economías del mundo.

Royal Dutch Shell nació en 1907 de la fusión de Shell Transport and Trading Company. La empresa que acompañó el origen de la industria automotriz alimentada por combustible fósil, no quiere quedarse atrás antes la transformación que experimenta este sector industrial.

La empresa estima una inversión anual que superará los US$ 5.000 millones en la búsqueda y consolidación de energías limpias. Entre las energías renovables destaca el impulso en fuentes como el uso del hidrógeno y la electricidad para el sector automovilístico.

La estrategia de transformación tiene en cuenta a tres sectores o grupos ante los cuales rendir cuentas sobre el desempeño alcanzado. Los accionistas, los clientes de la empresa y a la sociedad en general, en la que afloran cada vez nuevos nichos que demandan compromisos ambientales.

La industria petrolera busca adecuarse adecuarse al nuevo modelo de negocios.

¿Hacia donde apunta la inversión?

Los datos de Shell, que se mantuvieron en espera durante largo tiempo, establecen una serie de lapsos concretos para la reducción de sus emisiones de dióxido de carbono estimadas entre un 6 y un 8% hasta 2023.

Esta cifra se irá incrementando a un 20% hacia finales de la presente década 2030 y 45% al lustro del 2035.  Durante el transcurso de la década del 2050, se espera haber alcanzado la reducción a emisión cero.

En su declaración durante la presentación el director general de la Compañía, Ben van Beurden señaló: “Estamos acelerando nuestra estrategia para reducir nuestras emisiones y crear así un valor añadido para nuestros accionistas, nuestros clientes y la sociedad en general”.

La restructuración a nivel general se inició en un año como 2020, particularmente difícil para el grupo holandés. Durante el ejercicio fiscal del año pasado, las pérdidas se estimaron en más de US$ 21.700 millones. A raíz de la debacle que significó para la economía mundial y, en especial para el sector petrolero, la crisis pandémica.

Las petroleras también quieren ser verdes

Un reporte de Bloomberg Intelligence sobre las compañías de petróleo y gas reveló la incidencia que para cada compañía tienen tres aspectos básicos. Por un lado, el puntaje de transición de carbono de BI en función de reportes recientes sobre contaminación. Por otro, las proyecciones y planes que estime al 2030 y el nivel de compromiso reflejado en acciones concretas frente al calentamiento global.

Entre los aspectos recientes que comienzan a tomar en cuenta las compañías, está el hecho de que los inversores cada día toman en cuenta más los datos de las empresas especializadas en la materia ambiental. Ser verde se ha convertido en un negocio, desde que se invierte en bonos verdes.

Esto ha motivado a las compañías a considerar los reportes de emisiones. Así como los propios indicadores con frecuencia cada vez más transparentes.

Se oyen críticas de grupos ecologistas (Greenpeace y Friends of the Earth) que cuestionan que la empresa se apoye demasiado en la reforestación y la captura y almacenamiento de carbono. Shell que no había ofrecido números abiertos sobre el tema, anunció que invertirá $ 100 millones en las llamadas soluciones basadas en la naturaleza, (bosques y humedales para “capturar” carbono).

Reducción de la producción petrolera anual

De acuerdo a las estimaciones presentadas por la empresa angloholandesa, esta aspira reducir su producción de petróleo entre un 1% y un 2% anual. La proyección por encima de este rango llevaría la reducción a cerca de 18% en los próximos 10 años, con una marca de hasta 55% de “combustibles tradicionales” en el mismo lapso, según estimaciones de la corporación.

En concordancia con el tema ambiental, también están sus efectos sobre la inversión. El potencial de emisiones que pueda tener un determinado proyecto para los próximos años incide en la toma de decisión de los inversionistas. Lo cual también afecta el valor de los activos y puede comprometer los niveles de ganancias de los inversores.

A esto se unen otros imponderables como el comportamiento de la economía, de por sí volátil, durante estos tiempos de pandemia. Las agencias de noticias reseñaban este jueves la tendencia a la baja del dólar estadounidense. Luego de conocerse los datos sobre el comportamiento de la inflación en el gigante norteamericano y la posición cautelosa de las autoridades de la Reserva Federal.

El petróleo abrió a la baja. Después de mostrar señales de recuperación durante las jornadas previas. Esta merma en el precio es considerada por los expertos como una corrección propia del mercado debido al mantenimiento de las condiciones adversas preexistentes. El West Texas Intermediate (WTI) bajó 0,66%, mientras el Brent londinense retrocedió 0,70% (US$ 61,04).

El sector petrolero persiste como uno de los más afectados por la actual coyuntura que no termina de despejarse. Pese a la llegada de las vacunas a buena parte de las economías. Las acciones B de Shell cayeron un 2,3% y sus rivales Total y BP también cotizaron por debajo durante la jornada.

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