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El confinamiento ha desajustado todos los engranajes de la economía.

Muchos de estos problemas tienen relación con el almacenaje de productos en los que el consumo cayó a niveles inesperados, pero cuya extracción y procesamiento no puede ser detenida.

Uno de los casos emblemáticos es el del petróleo. Buena parte de la explicación de la crisis del precio del crudo es que ya no quedan tanques para almacenar el excedente y las enormes cantidades de hidrocarburo no encuentran compradores porque los sistemas de transporte se detuvieron en todo el mundo.

Es por eso que el precio del West Texas Intermediate llegó a caer por debajo de “cero”: el que lo compra, pierde, porque debe gastar más en almacenarlo que lo que invirtió en adquirirlo.

Otro caso, de menor escala pero igual de problemático para quienes lo padecen, es el de la patata en Bélgica.

Así es, los productores de patatas belgas están desesperados porque no encuentran compradores. Sin bares y restaurantes abiertos, los sitios más habituales para su consumo, piden a los habitantes que preparen patatas fritas en sus casas más veces por semana.

Según los productores, hay más de 750.000 toneladas de patatas que corren el riesgo de ser desechadas.

Romain Cools, el titular del organismo belga de la industria de la papa (Belgapom), dijo que “nunca” enfrentaron una crisis de tal magnitud en toda su historia, según publica CNBC.

Las patatas fritas son un “menú nacional” en Bélgica.

Bélgica encerrada y detenida

El gobierno de Bélgica implementó un estado de confinamiento nacional el 18 de marzo y no levantará la medidas hasta mediados de mayo.

Ese país es uno de los más complicados con el avance de la pandemia, ya que tiene una de las mayores tasas de infectados por millón de habitantes.

De acuerdo con Cools, el sobrante de patatas alcanza para completar 30.000 camiones grandes.

El problema que enfrentan es la brutal caída de la demanda en el sector de la patata congelada, que representa alrededor del 75 por ciento de todo el negocio.

A medida que fue aumentando el stock y a detenerse el consumo en bares y restaurantes, la capacidad del congelamiento colapsó. No hay suficientes neveras en Bélgica para almacenar tantas patatas.

“Estamos trabajando con los supermercados para ver si podemos lanzar una campaña pidiendo a los belgas que hagan algo por el sector comiendo más patatas fritas, especialmente las congeladas, al menos dos veces por semana durante la crisis del coronavirus”, dijo Cools.

El 25% restante de la industria, que incluye la producción de papas frescas y otros productos, está funcionando “bastante bien”, dijo Cools, gracias a que más personas cocinan y comen en sus hogares.

En Bélgica, hasta este 29 de abril, ya hubo 7.500 muertes por el Covid-19, según datos de la Universidad Johns Hopkins.

La industria también le pide a los agricultores que no siembren patatas para la próxima temporada porque están convencidos que la crisis continuará.

Buena parte del consumo de patatas fritas se produce en festivales de verano que seguramente no se realizarán por muchos meses. 

Las patatas que habitualmente no podían venderse se destinaban a bancos de alimentos o se exportaban a Europa Central y a África. En el primer caso, ya no hay demanda, y las salidas de los productos del país están cerradas por el confinamiento.

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