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Desde el 16 de marzo hasta este miércoles 25, los contratos a futuro de la onza de oro pasaron de 1.461 a 1.637 dólares.

El incremento, que alcanza el 12 por ciento, es fiel reflejo de la actual situación de búsqueda de resguardo por parte de los inversores, que huyen de las posiciones de riesgo en medio de la volatilidad del mercado.

En este escenario de alta inestabilidad (las acciones suben y bajan al ritmo de las noticias sobre el impacto del coronavirus en la economía mundial), Goldman Sachs les dice a sus clientes: es hora de comprar oro.

Las cotizaciones de los futuros de oro cayeron la semana pasada, cuando Estados Unidos dio a conocer un fuerte paquete de medidas de apoyo a su moneda, lo que posicionó mejor al dólar y a los bonos del Tesoro estadounidense.

Sin embargo, la tendencia cambió cuando la Reserva Federal (FED), el equivalente al banco central del país que gobierna Donald Trump, dijo que compraría cantidades ilimitadas de bonos del Tesoro y acciones de empresas en crisis.

De acuerdo con información del Financial Times, la recomendación de Goldman Sachs a sus clientes es que el oro está en un punto de inflexión y que podría llegar a 1.800 dólares en los próximos 12 meses.

Hay que recordar que la máxima marca para el valor del metal amarillo es de 1.900 dólares, una cotización que alcanzó en 2011.

El argumento de Goldman Sachs es simple: el oro es el último recurso y actúa como una cobertura contra la degradación del resto de las monedas, algo que parece estar ocurriendo estas semanas.

Su valor crece cuando, cuando ahora, los gobiernos deben salir a inyectar fuertes sumas para sostener sus economías.

En resumen, si bien, en general, el oro no genera ganancias de corto ni mediano plazo, cubre a los inversores de la volatilidad del mercado, de la depreciación de las monedas y de la inflación.

Cuando los estados encienden la “máquina de fabricar dinero”, como ocurrió en la crisis de las hipotecas subprime que estalló en octubre de 2008, el oro brilla a los ojos de los que no quieren estar en la lista de los grandes perdedores.

En espera

Hay dos temas que los analistas no terminan de entender respecto del impacto que estos tendrán en el precio del oro.

Por un lado, el aislamiento social, que hasta este miércoles ya abarca a unas 2.500 millones de personas en todo el mundo (recientemente se incorporó la India, que tiene más de 1.300 habitantes).

La cuarentena interna en los países y las distintas formas de restricciones de circulación está obligando a los gobiernos a enormes erogaciones fiscales hacia el interior de sus fronteras, limitando su poder de demanda en inversiones de todo tipo, oro incluido.

El otro factor es el tiempo.

Nadie sabe cuándo se va a empezar a sortear la crisis del coronavirus: mientras más extensa sea, más posibilidades tiene el oro de mejorar su cotización.

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