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La competencia por la vacuna para hacer frente al coronavirus está en su clímax en el mundo. Entre julio y agosto, Donald Trump anunció acuerdos con varios laboratorios para tener cuanto antes sus dosis y, días después, Vladimir Putin adelantó que el desarrollo ruso está registrado y que está a punto de producir a gran escala.

Pero no sólo las grandes potencias están en la carrera. En América Latina, donde el virus está aún en la fase de crecimiento (y no parece poder controlarse), México y Argentina anunciaron que producirán localmente la vacuna para el Covid-19 que está desarrollando la Universidad de Oxford (en el Reino Unido) y la gigante farmacéutica británica AstraZeneca.

Esa vacuna ya está en fase 3, lo que significa que está siendo testeada en un conjunto de más de 30 mil personas.

Si es efectiva (algo que estaría descontado), será producida masivamente.

De acuerdo con el anuncio que se hizo en paralelo en la Ciudad de México y en Buenos Aires, se producirán 250 millones de dosis y el financiamiento provendrá de la fundación de Carlos Slim, el magnate propietario, entre otros negocios, de la telefónica Claro.

Un alivio

La noticia es un alivio para ambos países, donde el coronavirus está creciendo en contagios en las últimas semanas, especialmente en México.

México ocupa el tercer lugar en el mundo en muertes confirmadas por Covid-19 con más de 53.000, solo detrás de Brasil y Estados Unidos.

En Argentina, en tanto, luego de que comenzó el proceso de desconfinamiento, el virus inició una etapa de propagación notable, con nuevos focos muy complicados en los grandes centros urbanos, particularmente en la Ciudad de Buenos Aires y sus alrededores, donde habita casi el 40 por ciento de la población de Argentina.

Tanto el presidente argentino, Alberto Fernández, como el mexicano, Andrés Manuel López Obrador, ponderaron la decisión de tener “versión local” de la vacuna de Oxford para acelerar el proceso de inoculación una vez que esté aprobada por todos los organismos regulatorios.

El objetivo es producir la vacuna a partir del primer semestre de 2021.

Amlo y Fernandez
Andrés Manuel López Obrador (México) y Alberto Fernández (Argentina). El argentino visitó México en noviembre, antes de asumir el gobierno.

El ministro de Salud de Argentina, Ginés González García, dijo que ese país priorizará la aplicación de la vacuna a los ancianos, los profesionales médicos y las personas con afecciones preexistentes.

De acuerdo con la información brindada a los medios de comunicación, Argentina se encargará del proceso de fabricación propiamente dicho. El laboratorio mAbxience (parte del grupo farmacéutico Insud Pharma) será el encargado de producir el producto con la fórmula provista por AstraZeneca. MAbxience también tiene una planta en España.

De esta forma, Argentina se encargará de la producción del material central de la vacuna y, luego, en México se encarará el desarrollo final: básicamente el envasado y la distribución. 

Por otra parte, se confirmó que la vacuna tendrá un precio que oscilará entre los 3 y los 4 dólares, aunque ambos gobiernos dijeron que los estados se encargarán de la adquisición y que la suministrarán de forma gratuita a la población.

Asimismo, el director de mAbxience dijo que se están arriesgando y ya comenzaron el proceso, aún con la fase de prueba 3 no concluida, por lo que si la vacuna no se habilita, habrán perdido toda la inversión.

En el Reino Unido, la vacuna de Oxford y AstraZeneca ya se ha probado en un conjunto de 1.100 personas y, hasta el momento, no ha presentado efectos secundarios graves.

La vacuna de AstraZeneca será para toda América Latina

La vacuna producida en Argentina y México estará disponible para todos los países de América Latina “de forma equitativa”, según dijo la compañía biotecnológica, con la excepción de Brasil, que ya tiene un acuerdo con otro laboratorio y con el gobierno ruso.

Hablando de Rusia, y como lo habíamos adelantado en El País Financiero, esta misma semana Putin dijo que su país ya tiene un vacuna efectiva y comenzará a administrarla en la población en octubre.

Se trata de la Sputnik V, nombre con que se bautizó al desarrollo que aún está en fase 2, es decir, aún no ha sido probada en poblaciones grandes. 

Más allá de las dudas de la comunidad científica mundial, incluida la Organización Mundial de la Salud (OMS), lo cierto es que Rusia tiene un largo historial en la producción de medicamentos, especialmente de los relacionados con la inmunidad.

De hecho, el Centro Nacional de Epidemiología y Microbiología Gamaleya, el que desarrolló la vacuna que registró Rusia esta semana, lleva el nombre de Nikolái Gamaleya, un microbiólogo y epidemiólogo soviético que fue clave en el combate de la viruela y la poliomielitis tras la Segunda Guerra Mundial.

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