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Por décadas, cientos de miles de millones de yuanes en préstamos al exterior han servido para que China aliente su hegemonía comercial e influencia geopolítica en todo el mundo. Pero esta cantidad récord de exportación de capitales al resto del mundo, no está suficientemente registrada y menos comprendida.

Los ingentes flujos de capital chino al mundo no son informados al FMI, al BPI o al Banco Mundial. Entre otras cosas porque China no pertenece a ninguna de estas instituciones. Además, los términos de los acuerdos crediticios son generalmente secretos.

China obliga a sus prestatarios a pagar con prioridad a los bancos estatales chinos antes que a otros acreedores. Así lo demuestra un estudio realizado a un conjunto de contratos de préstamos chinos a países en desarrollo.

Los préstamos chinos tienen dos propósitos fundamentales. Por un lado, aseguran un mercado para sus productos. Por el otro, obligan al prestatario a tener las debidas consideraciones con el gobierno chino y sus políticas.

AidData, un laboratorio de investigación estadounidense del College of William & Mary, junto con otros centros de investigación, analizó un paquete de datos compilado durante tres años. Dichos datos fueron extraidos de unos 100 contratos de préstamo chinos suscritos con 24 países de ingresos bajos y medianos.

El mayor prestamista del mundo

Muchos de estos países arrastran pesadas cargas financieras, como es el caso de Venezuela, mientras luchan contra la pobreza derivada del sistema político imperante y la dramática situación económica consecuencia de los desaciertos gubernamentales y la pandemia de origen chino.

China está jugando duro para convertirse en la primera potencia económica del mundo. Por ello, es el centro de atención de los thinks tanks. El gigante asiático es actualmente el mayor prestamista y acreedor del mundo con el 65% del total de deuda bilateral, distribuida en América Latina, África, Europa del Este y Asia.

El problema es que a pesar de ser el mayor prestamista del mundo, “carecemos de datos básicos sobre los términos y condiciones de sus préstamos”. Tal como lo indican los autores del informe, incluida la profesora de derecho en la Universidad de Georgetown en EE.UU. Anna Gelpern.

Países deudores de China (saldo de la deuda con respecto al porcentaje del PIB).

Cómo China garantiza los reembolsos

Los investigadores de AidData, el Instituto Peterson de Economía Internacional, el Centro para el Desarrollo Global (CGD) de Washington y el Instituto Kiel de Alemania, hicieron un estudio comparativo de los términos de los contratos de préstamos chinos con los de otros prestamistas internacionales importantes.

A partir de allí surgió una primera evaluación sistemática sobre los términos legales de las relaciones exteriores de China basada en préstamos, señaló el CGD. Los hallazgos del estudio pusieron en evidencia varias características inusuales de los préstamos.

Los acuerdos incluyen una serie de herramientas contractuales estándar para garantizar los reembolsos, distintas a las que usan los organismos multilaterales de crédito. El informe de 77 páginas señala que los contratos incluyen cláusulas de confidencialidad, que impiden a los prestatarios revelar los términos bajo los cuales se firman los préstamos.

Poseen también acuerdos informales de garantía en los que los prestamistas chinos tienen un nivel mayor de prioridad sobre otros acreedores. Así mismo, la promesa de los acreedores de no pedir reestructuraciones colectivas de deuda, una suerte de cláusula no Club de París”, según los autores del informe.

En los contratos chinos se establece un margen importante para que los bancos acreedores de China cancelen los préstamos o aceleren su pago cuando lo consideren oportuno, agrega el informe.

¿Qué papel juega China cómo miembro del G20?

Para el investigador principal de CGD y coautor del informe, Scott Morris, estos hallazgos plantean preguntas obligadas sobre el papel de China en el mundo en tanto que miembro del G20. Más aun cuando este foro ha acordado adoptar un “marco común”, dirigido a prestar ayuda a las naciones más pobres para que enfrenten sus problemas financieros.

Especialmente, en este momento en el que atraviesan por una fuerte presión por la crisis del covid-19. El marco establecido por las 20 mayores economías del mundo, exige que se brinde un trato igual para todos los acreedores.

Aquí se incluye a los prestamistas privados. Sin embargo, la mayoría de los contratos examinados prohíben a los países pedir una reestructuración de deuda, en igualdad de condiciones y de forma coordinada con otros acreedores.

Según Morris, este prohibición es “muy llamativa y parece ir en contra de los compromisos que los chinos están haciendo en el G20″. Aunque explicó que es posible que China no haga cumplir tales cláusulas en sus contratos de préstamos para apegarse al acuerdo del G20.

Al ser consultado sobre el tema, el Ministerio de Relaciones Exteriores de China, prefirió no responder. Anteriormente, China ha dicho que además de los acreedores oficiales del país, también sus instituciones financieras, estaban trabajando para ayudar a las naciones africanas a aliviar los problemas de la deuda.

Wang Yi, ministro de Exteriores de China.

China habría diferido 2.1 mil millones de deuda

En noviembre pasado aseguró que había diferido los pagos de la deuda a los países en desarrollo por un total de $ 2.1 mil millones bajo el programa de ayuda financiera del G20. Esta es mayor volumen de alivio de deuda por parte de un país miembro del grupo.

Entre los 23 contratos examinados por los investigadores para el estudio, se incluye la deuda suscrita con Camerún, 10 contratos con Serbia y Argentina y ocho con Ecuador.

Tanto el FMI como el Banco Mundial han advertido que varios países necesitan urgentemente la ayuda de los acreedores para obtener un alivio de sus respectivas deudas. La recesión mundial causada por la crisis del coronavirus se ha agravado particularmente en los países menos desarrollados.

El secretismo financiero chino

A pesar del dominio que ejerce China en el comercio mundial, su papel en el mercado financiero mundial está documentado y entendido de forma muy deficiente. Las “deudas ocultas” de los países en desarrollo con China representan un volumen muy importante para unos treinta países.

No poseer datos exactos sobre esta relación crediticia contribuye a distorsionan la evaluación de riesgos. Ya sea en lo relativo a la vigilancia de políticas de crédito como en relación con los precios de mercado de la deuda soberana.

Tres características clave de los préstamos chinos son.

  1. Casi la mayoría de los préstamos e inversiones de China en el extranjero es oficial. Es decir, las realiza el gobierno chino a través de sus instituciones financieras estatales. Estos préstamos quedan fuera del alcance de las agencias de calificación de crédito (Moody’s, Standard and Poors) o del Club de París.
  2. La documentación de las exportaciones de capital chino suele ser muy opaca. China no informa sobre los términos de sus préstamos oficiales. Tampoco existen datos estandarizados relacionados con los flujos y saldos de deuda de ese país en el exterior.
  3. Las condiciones de los préstamos se establecen según el país receptor. Los países desarrollados o con ingresos medianos altos, suelen recibir flujos de deuda de cartera. Esto se hace a través de la compra de bonos soberanos del Banco Popular de China.

En cambio los países menos desarrollados reciben préstamos directos de los bancos estatales de China. Tales préstamos a menudo se fijan a tasas de mercado y están respaldados por garantías en productos básicos: petróleo, oro, cereales.

¿Por qué los prestamos chinos son opacos?

Un estudio publicado por la Oficina Nacional de Investigación Económica de Estados Unidos, titulado “Préstamos de China en el extranjero”, determinó que entre 1949 y 1917 China subvencionó a 152 países. Alrededor de la mitad de estos préstamos extranjeros chinos al mundo en desarrollo están “ocultos”.

A diferencia de otros países de occidente con regímenes democráticos, China y sus entidades gubernamentales no publican datos relacionados con sus programas de crédito en el extranjero.

Al no pertenecer al Club de París ni a la OCDE, tampoco tiene obligación de hacerlo. Por el lado de los países deudores, además, la información es bastante incompleta también. A menudo tienen prohibido revelar detalles puntuales de los préstamos y sus términos.

Si bien los préstamos son oficiales, rara vez se celebran de gobierno a gobierno. Se firman entre empresas o bancos estatales chinos con sus homólogos de los países prestatarios. Por lo general estos préstamos de empresa a empresa no se registran en las estadísticas.

De allí que una buena parte de las estadísticas de préstamos internacionales no está siendo recopilada ni contabilizada.

El FMI estima que menos de 10% de los países de bajos ingresos hacen reportes de las deudas de sus empresas públicas. Entonces, ni siquiera los propios países deudores saben el volumen exacto de deuda con China y las condiciones de los préstamos.

La mayor parte de los préstamos chinos se hacen a través del Banco de Exportación e Importación de China y del Banco de Desarrollo de China. Hasta 2017, las dos instituciones financieras estatales absorbían un poco más del 75% de todas las transferencias transfronterizas directas del país. Ambos bancos dependen del Consejo de Estado chino.

¿Son los préstamos chinos un arma de política exterior?

Ser el mayor prestamista del mundo no es una casualidad. Es parte del juego geopolítico chino para extender su presencia e influencia en los cinco continentes. 50 naciones alrededor del mundo han tomado dinero de China y están atados a términos financieros y comerciales muy ventajosos para este país con un sistema híbrido.

Desde hace décadas y de forma silenciosa, China ha venido reforzando su presencia en Occidente, mediante préstamos y compras a países menos desarrollados. Esta relación asegura a China un mercado para sus productos. Pero al mismo tiempo convierte al país en un seguro proveedor de materias primas: minerales, forestales y agrícolas.

En el ámbito político, poseer un préstamo con China supone mantener una buena relación política que se debe demostrar en los foros internacionales.

La política financiera de China va de la mano con sus objetivos estratégicos en África, Asia y América latina. China no solo ofrece préstamos, también firma tratados de libre comercio y compra empresas agobiadas por la crisis pandémica que contribuyó a crear.

Su estrategia de acercamiento y vinculación con los países que le deben, comprende no solo a los gobiernos sino a otros actores importantes. Por ejemplo, partidos políticos, organizaciones sociales, sindicatos y gremios empresariales. Sin dejar de mencionar la creciente cooperación militar con los países afines ideológicamente.

El presidente chino Xi Jinping con el cuestionado presidente de Venezuela, Nicolás Maduro.

Influencia china en América Latina

En el caso de América latina, China está disputando a Estados Unidos su influencia en la región. En el plano económico, instituciones como el Banco Interamericano de Desarrollo, bajo la influencia de Estados Unidos, tratan de hacer frente al desafío, pero ya China ha tomado mucha ventaja.

Ahora, en alianza con Rusia está enviando cargamentos de vacunas contra el covid-19, mientras EE.UU lucha con sus propios problemas internos y descuida su patio trasero. Donde EE.UU se descuida está presente China ofreciendo su ayuda.

China ha financiado desde la explotación de campos petroleros y minas de metales preciosos, hasta el tendido de líneas ferroviarias y centrales hidroeléctricas. Todas estas obras se han erigido con tecnología y hasta mano de obra china.

Desde hace una década aproximadamente América Latina se ha convertido en su mercado de ventas. Pero también en una fuente importante de materias primas y el destino de miles de millones en inversiones.

Aunque rescatar sus préstamos e inversiones ha sido un verdadero dolor de cabeza –como ocurrió con Venezuela. El régimen socialista venezolano dilapidó más de 50 mil millones de dólares en préstamos chinos en la construcción de obras de infraestructura que quedaron a la mitad.

Ahora ya no presta dinero a manos llenas. Aprendió la lección, y administra su influencia económica y política con menos riesgo.

Su acercamiento con las mayores economías de América Latina, especialmente con México, el principal socio comercial de EE.UU en la región, ponen de manifiesto hacia donde apunta China sus próximos pasos en la disputa comercial y política que mantiene ambas potencias.

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