Los militares españoles siempre serán recordados en Bosnia-Herzegovina

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Después de 23 años, los últimos militares españoles se despiden de la misión más emblemática de las Fuerzas Armadas españolas. La de Bosnia-Herzegovina fue la primera misión internacional en la que intervinieron operativamente soldados españoles. Fue también la que abrió los ojos de una opinión pública que estaba condicionada por el pasado militar de España. 

De hecho, gracias a esos soldados, las Fuerzas Armadas son, hoy en día, una de las instituciones más valoradas por los españoles. De igual manera tienen una alta valoración los periodistas que se hicieron eco de sus hazañas. Gracias al trabajo, sacrificio, entrega y abnegación de los militares españoles se pudo establecer la paz en el corazón de Europa.  

Estos soldados demostraron su solidaridad más allá de nuestras fronteras y también demostraron sus capacidades militares. Estuvieron a la altura del compromiso y por encima del resto de ejércitos europeos. Realizaron, en definitiva, una labor que fue reconocida por todas las comunidades implicadas en el conflicto (serbios, croatas y bosnios).

La labor desplegada por los militares españoles recibió, en 1993, el Premio “Príncipe de Asturias” de Cooperación Internacional. Esto fue un reconocimiento a su esfuerzo en pro de la reconciliación de los diversos pueblos de Bosnia-Herzegovina.

Un punto de inflexión en la opinión sobre los militares españoles

En noviembre de 1992, a través de la Resolución 776 del Consejo de Seguridad de la ONU se autorizó el envío de fuerzas multinacionales a Bosnia-Herzegovina. Estas fuerzas se desplegaron en calidad de misión humanitaria en un país asolado por la conflictividad. Esta conflictividad llevó a que la guerra y el sufrimiento hicieran víctima a la población civil.

En respuesta, alrededor de 400 mil militares de 35 países, entre ellos España, comenzaron su despliegue en los Balcanes. Las primeras tropas españolas fueron enviadas por el Gobierno del entonces presidente Felipe González. Para ese entonces, la sociedad española tenía una visión anclada en el pasado sobre sus Fuerzas Armadas. Esta visión nada tenía que ver con las generaciones de militares que comenzaban a salir de las academias.

Correspondió el honor de integrar esta misión a la denominada Agrupación Táctica “Málaga” que estaba bajo el mando del entonces coronel Francisco Zorzo. Este contingente de militares españoles estaba formado sobre la base del Tercio “Alejandro Farnesio”, IV de la Legión. Como dato curioso, la disolución de esta unidad de élite del Ejército de Tierra se había tratado en el Congreso de los Diputados. Se señalo a diversos incidentes que habían protagonizado algunos de sus componentes como causa de esa situación.    

No obstante, las noticias que llegaban a España desde los Balcanes marcaron un punto de inflexión en la imagen que la sociedad tenía de sus Fuerzas Armadas. Los, hasta entonces, considerados “conflictivos legionarios” se jugaban la vida en una guerra . Lo hacían, no sólo defendiendo los intereses de España, sino para ayudar a una población oprimida. 

Las bajas españolas en los Balcanes

Otras agrupaciones tácticas sucedieron a la ‘Agrupación Táctica “Málaga”. Fue precisamente su sucesora, la Agrupación Táctica “Canarias”, la que sufrió la primera de las 23 bajas de los militares españoles. En esta ocasión se trató del teniente de la Legión Arturo Muñoz Castellanos. Este efectivo castrense fue gravemente herido por una granada de mortero. El hecho ocurrió el 13 de mayo de 1993 en Mostar. Esto tuvo lugar mientras transportaba una dotación de plasma sanguíneo al hospital musulmán de dicha ciudad.

Fue también en aquella primera época cuando ingenieros españoles montaron una pasarela en el simbólico y destruido Stari Most (Puente Viejo) de la ciudad de Mostar. Esta icónica construcción había sido destruida por bombardeos del entonces Ejército yugoslavo. Este puente comunicaba a ambos lados de la ciudad bañada por las aguas del río Neretva. Esta ciudad de Mostar fue la localidad donde estuvo el Cuartel General de los contingentes.

Es precisamente en la ciudad de Mostar donde siempre se recordará el paso por tierras balcánicas de más de 43 mil militares españoles, y de los 23 que dieron su vida. La denominada Plaza de España de Mostar fue el escenario en donde se despidió en 2007 al último contingente. Fue también en esta sede en donde los últimos oficiales de las misiones fueron objeto de una ceremonia de despedida. En consecuencia, este es el único lugar (o espacio urbano) dedicado a un país extranjero en una zona en conflicto.

Niños y adultos que aprendieron a hablar español

Asimismo, España también permanecerá en el recuerdo de muchos niños y adolescentes serbios, croatas y bosnios gracias al “Programa Cervantes”. Este programa arrancó en 1999 y fue la Brigada Paracaidista  quien lo inició. Luego continuó bajo la dirección de contingentes posteriores. A través de él, se enseñaron la lengua y cultura españolas a miles de estudiantes.

Los “cascos azules” españoles integrados en la UNPROFOR dieron paso a las fuerzas combinadas de la OTAN. Esto ocurrió tras la firma de los Acuerdos de Dayton, que ponían, al menos sobre el papel, fin a un conflicto de muchos años. Las agrupaciones tácticas aumentaron al nivel de Brigadas Españolas de las Fuerzas de Implementación aliadas. 

La ciudad de Mostar da las gracias

las Fuerzas de Estabilización asumieron el proceso en su fase final. Posteriormente, a partir del año 2005, la Unión Europea tomó el mando de las operaciones en la zona. Al final,  la región balcánica, quedó dividida en tres países. Estos fueron Croacia, Bosnia-Herzegovina, y Serbia y Montenegro. El retorno a la normalidad se puede ver el deseo de Bosnia-Herzegovina de ingresar, como miembro de pleno derecho, en la Unión Europea.

Los militares españoles que se desplegaron en la región de los Balcanes no sólo repartieron ayuda humanitaria. También contribuyeron a que la paz fuera lograda definitivamente en el corazón de Europa. Con este objetivo en mente, realizaron miles de patrullas, desactivan minas, escoltaron convoyes y reconstruyeron infraestructuras. Por estas acciones, y un largo etcétera, la población los reconoció. En su representación, el alcalde de Mostar, Ljubo Beslic, expresó un sencillo: “Gracias por todo lo que habéis hecho”.

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