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Desde 1972, cuando el presidente Richard Nixon decidió hacer las pases con la China de Mao Zedong, que venía arrastrando una profunda crisis, comenzó el juego. Después de todas las locuras de Mao, que le costaron la vida a 70 millones de chivos, el gigante asiático dio un viraje. Lo hizo de la mano de otro líder chino menos carismático pero con mayores conocimientos de economía: Deng Xiaping.

China se reinsertó en la economía mundial, gracias a los esfuerzos y la claridad de Deng, que supo convencer al Partido Comunista Chino sobre la necesidad de detener a Mao. Luego, en 1991, tal como estaba pronosticado sobrevino, sobrevino el colapso de la Unión Soviética.

En Occidente se creyó con cierto dejo de arrogancia y miopía académica que era el “fin de la historia”. El final de los desastrosos dogmas sembrados por el comunismo marxista – leninista en medio mundo después de la Revolución de octubre en Rusia. Occidente ignoró por completo lo que China venía haciendo en silencio.

El país más poblado de la tierra no se embarcó en una carrera armamentista para competir con EE.UU como hizo la Unión Soviética. Pero trabajaba sigilosamente en todos los frentes. Incluso, contó con el apoyo del gran capital estadounidense y europeo que estaba feliz de instalar sus plantas en China para producir con mano de obra barata.

China será la economía más grande del mundo

Cuando Occidente se dio cuenta del imponente ascenso de China, ya era tarde. Ahora es la segunda potencia económica y política mundial, que compite con EE.UU en todos los ámbitos. Poco a poco su gobierno comunista en lo político y capitalista en lo económico, ha colonizado al mundo entero. Al punto que para el 2035, los expertos proyectan un avance superior al de Estados Unidos, que la convertirá en la mayor economía del planeta.

Probablemente China también llegue a ser dentro de 15 años el actor político más importante y poderoso. El rápido ascenso del coloso asiático – que Donald Trump puso en su sitio – como no lo hicieron sus predecesores, ahora causa temor y alarma. Tal avance es parte de los cambios que ya están en marcha y que quizás el coronavirus de factura china, por cierto, aceleró.

Un estudio realizado por Bloomberg Economics ha proyectado el crecimiento económico de 39 países hasta el año 2050. En este grupo están presentes los países más desarrollados  algunos en vías de desarrollo. El estudio se hizo tomando en consideración su PIB histórico, el potencial de crecimiento, el capital, la productividad y las contribuciones de trabajo.

Tales datos han servido para trazar un mapa de los cambios geopolíticos y económicos que se avecinan. Se cree que el período de relativa estabilidad que experimentó el mundo desde la Segunda Guerra Mundial hasta las primeras dos décadas del siglo XXI, estaría llegando a su final.

Proyección del PIB mundial al 2050. Fuente: Bloomberg.

El desplazamiento del poder de Occidente hacia el Oriente

Algo similar ha sugerido el Deutsche Bank en un reciente informe en el que predice que estaríamos llegando a La Era del Desorden. Un “superciclo estructural”  caracterizado por el caos y el desgaste de la ola globalizadora que humanidad vivió desde los años sesenta.

Los análisis indican que el centro de gravedad de la economía mundial se está moviendo hacia el Este. De las economías avanzadas tradicionales en el siglo pasado, se está pasando a mercados emergentes. Peor aún, del libre mercado pareciera haber un retorno a los controles estatales, pero con fórmulas más sofisticadas.

Se observa como incluso en las democracias más sólidas del mundo están surgiendo gobiernos autoritarios y populistas. Esta transición en el campo político y económico, es solo parte de los cambios que están operando a nivel global. Estos cambios, desde luego, muchas veces no son previsibles.

Ya hemos visto como la crisis sanitaria generada por la pandemia de Covid-19, trastocó la economía mundial este año. Algo que era impensable a principio de este año. Pero antes ocurrió, en menor escala con la crisis financiera de 2008 – 2009. Guerras, crisis financieras, desastres naturales y ahora pandemias, son factores que pueden alterar en cualquier momento el mapa económico y político mundial.

Economías emergentes producirán el 60% del PIB mundial

Pero hay elementos más predecibles que pueden aportar luces sobre las previsiones de crecimiento económico mundial. Por ejemplo, que Asia está emergiendo rápidamente como el epicentro de una revolución económica mundial. Hace apenas dos décadas atrás, este continente representaba apenas el 25% de la producción económica del mundo. Menos que Europa y América del Norte.

China aun no formaba parte de la Organización Mundial del Comercio ni India mostraba el músculo productivo que exhibe actualmente. Dentro de tres décadas, Asia ya tendrá más de la mitad de la población mundial y producirá más del 50% de toda la producción económica del mundo. Mientras América del Norte y Europa se alejan del comercio.

El PIB mundial se ha disparado con la extraordinaria participación de China e India y el avance de los mercados emergentes. Ya para el 2000 una quinta parte de la producción global provenía de los países con mercados emergentes. Se espera que para el 2042, estos países superen a las economías avanzadas en su contribución al PIB mundial. Para 2050, ya estarán contribuyendo con el 60% del total de la producción mundial.

En las próximas décadas, el cambio de poder relativo entre estos países se va a sentir más. Las proyecciones de Bloomberg apuntan a que dentro de 13 años India habrá superado a Japón que está “atrapado por la edad”. El segundo gigante asiático se convertirá en la tercera economía más grande del mundo.

Dentro de 15 años también, EE.UU será superado por China que pasará a convertirse en la primera economía del mundo. Y se espera que para 2050, otro tigre en crecimiento como lo es Indonesia ya esté formando parte de las grandes ligas del comercio internacional. De tal manera que tres de las mayores economías del mundo serán mercados emergentes de Asia.

Los temores de EE.UU o la “trampa de Tucídides”

Luce inevitable el enfrentamiento entre los poderes dominantes y emergentes en el mundo, aunque algunos académicos no lo acepten. Pero la intuición de algunos analistas apunta en esa dirección. Para comprender mejor este tipo de situaciones, el profesor de Harvard Graham Allison, habló de la “trampa de Tucídides”.

La expresión sirve para caracterizar el enfrentamiento entre un poder tradicional y otro emergente en el que el resultado probablemente sea la guerra. El historiador griego Tucídides, fue el primero en describir este fenómeno al explicar la causa que condujo a la Guerra del Peloponeso debido a los temores que abrigaba Esparta con respecto al creciente poder que acumulaba Atenas. ¿No es este acaso el temor de EE.UU con China?

Los radicales de ambos lados han llevado a EE.UU y China a una lucha encarnizada en el ámbito comercial, tecnológico, territorial (Taiwán) y de los derechos humanos (Hong Kong). Es probable que Joe Biden con más disposición hacia la diplomacia con China, intente revertir las crecientes asperezas, desencuentros y desconfianza entre las dos potencias. Esto no evitará que la corriente anti China y nacionalista sembrada por Trump siga presionando.

China también tiene su retador

Por suerte para EE.UU, la rivalidad entre India y China ha ido también en aumento. India de alguna forma representa un muro de contención para los apetitos geopolíticos chinos en Asia. Aunque, las tensiones entre ambos países podrían desencadenar en un enfrentamiento mayor.

Para 2040 se espera que el PIB de China haya descendido un 3% anual como consecuencia del envejecimiento de la población y la fatiga propia del desarrollo. No es impensable ver en el horizonte a India desafiando la hegemonía china en Asia. Dentro de dos décadas India podría casi tanta población como China, un ejército con armas de destrucción masiva y un PIB robusto para retar el poderío chino.

¿Se impondrá el modelo de control estatal?

Con la caída del muro y el colapso de las economías socialistas planificadas, el capitalismo contemporáneo insurgió como una verdadera revolución en el mundo. Ni siquiera la Rusia de Putin quiso saber más nada de socialismo en lo económico. Pese a que preserva el autoritarismo estatal propio de los países socialistas.

Pero el reinado del libre mercado en los últimos cuarenta años en el mundo, podría estar a punto de cambiar. Las previsiones para las próximas tres décadas es que conforme avance el poderío económico de China en el escenario internacional, el equilibrio entre mercado y estado cambie por completo.

Las economías asiáticas con un alto nivel de control sobre la producción y la propiedad están en pleno crecimiento. China, además, está colonizando con sus préstamos y “ayudas” a gobiernos afines ideológicamente o no. Su modelo de “un país dos sistemas” está permeando en gobiernos de países menos desarrollados que simpatizan con los controles estatales. Esto podría ocurrir en países con regímenes socialistas como Venezuela y Cuba.

En el 2050, la producción de las economías con sistemas democráticos pasará del 57% (en el año 2000) al 33%. Así lo prevén los expertos de la Heritage Foundation y Bloomberg Economics. Por otro lado, la proporción de la producción generada en las economías con sistemas de gobierno autoritarios o “no libres”, tendrá un aumento del 12% al 43%.

El crecimiento endógeno del mercado chino

Aunque las economías altamente controladas por el estado, necesitarán para su ascenso una buena dosis adicional de libre mercado y más diversificación de la propiedad, por aquello de los estímulos productivos, eso no significa que vayan a cambiar de modelo. El caso de India es emblemático en cuanto a este cambio. En cambio China se resiste, a pesar de haberse liberalizado más en las últimas dos décadas.

El partido comunista chino en un comunicado reciente dibujó sus planes para el próximo quinquenio. “La ciencia y la tecnología deben ser autosuficientes como apoyo estratégico para el desarrollo nacional”. China necesita apuntalar su industria de microchips para ponerle fin a su dependencia de Occidente. Y “acelerar la construcción de una potencia científica y tecnológica”.

El presidente chino Xi Jinping pidió a las empresas estatales ser “más fuertes, mejores y más grandes”. Después de la guerra comercial con EE.UU y el bloqueo de la tecnología occidental para sus redes 5G y la producción de teléfonos inteligentes, China necesita ser autosuficiente.

En los últimos cuatro años, Estados Unidos impuso aranceles millonarios a las importaciones chinas y prohibió algunos de sus productos. Por otro lado, obligó a China a comprar de empresas estadounidenses solo lo que estuviera autorizado en un acuerdo comercial firmado. También a equilibrar la balanza comercial adquiriendo productos estadounidenses.

EE.UU responde con más proteccionismo

Estados Unidos se está volviendo más proteccionista porque teme al vertiginoso ascenso de la economía china. Pero también porque la competencia de EE.UU con China no es ni remotamente igual. Los bajos salarios de China no se equiparan con la alta remuneración que pagan las empresas estadounidenses a sus trabajadores. Esta desigualdad en los costos de producción, EE.UU ha tratado de compensarla con aranceles.

En lo único que EE.UU puede competir con China es en tecnología. Algunos piensan que las decisiones drásticas tomadas por EE.UU con respecto a China son simples pataletas del gobierno de Trump. Cuando la verdad es que hay una corriente en todo el mundo que está intentando frenar a China y sus prácticas mercantilistas.

China se ha aprovechado del libre mercado para inundar al mundo con sus productos, muchos de ellos “pirateados”. EE.UU y la India han acusado abiertamente a China de espionaje y robo de propiedad intelectual.

Actualmente, China necesita del mercado de EE.UU y Occidente, pero esto también está por cambiar. El plan quinquenal del PCCH intenta fortalecer el consumo interno para disminuir su dependencia del mercado mundial. Claro que esto significará también que China aumente los bajos salarios que paga a sus trabajadores para que la capacidad de compra de los chinos se eleve.

El gobierno chino prevé que en los próximos años haya un boicot a sus productos, después que la humanidad se libre del coronavirus. Esa es una factura que aún no han cobrado las economías de Occidente, debido al daño causado por pandemia. Por ahora han estado concentradas en ver cómo salir de la crisis.

Los desafíos de Europa y los EE.UU

Mientras tanto, los modelos alternativos de economías y gobiernos siguen surgiendo. Parecen un  replanteamiento del socialismo frente al capitalismo liberal. Si bien Occidente ya ha advertido que hay un problema en el mercado mundial con respecto a Asia que necesita resolver, no se observan mayores cambios para evitar el ascenso de tales modelos alternativos.

Las acciones de Trump contra China solo han impuesto una pausa al expansionismo comercial chino. Estas reacciones puntuales no estacan el fenómeno de las economías altamente controladas que es mucho más complejo. No basta con enarbolar consignas nacionalistas y darse golpes de pecho o cerrar los puertos.

La pregunta sin resolver para Occidente sigue siendo, cómo competir con China y las economías emergentes alternativas. Si quieren preservar su actual hegemonía económica y política. O se dejarán arrollar por el rápido avance de Asia y lo que esto implicaría para el “mundo libre”.

Los EE.UU y Europa tienen un gran desafío por delante. La defensa del mercado y el pensamiento libres necesitará de una mayor audacia en todos los órdenes. Se requiere mayor inversión, educación, investigación, infraestructura y negociación para impulsar el potencial de cada nación y de cada bloque comercial.

Un cambio en China beneficiaría a todos

Si China decide democratizarse y abrirse más en lo económico, el mundo podrá beneficiarse de un comercio más racional y equitativo. Podría mejorar las condiciones de vida de la sociedad china y aliviar las tensiones que su crecimiento despiertan en el mundo. Algo similar podría hacer India si introduce mayores reformas sociales y económicas para tener una población más próspera.

El crecimiento del mercado interno de China e India se convertiría en un enorme atractivo para Occidente también. El beneficio para las empresas de tecnología extranjeras, pero también para las exportaciones de productos básicos de los países menos desarrollados y otros emergentes, sería muy grande. Las balanzas comerciales de Occidente y Asia serían compensadas mutuamente.

Es un ganar – ganar entre pesos pesados. En lugar de un serio peligro para el mundo entero como lo es en la actualidad. La acumulación de poder económico y político de Asia está presionando cambios profundos también en Occidente. Alejarse del mercado y encerrarse dentro de sus fronteras nacionalistas, no parece ser la mejor receta para enfrentar este desafío.

La nueva historia apenas comienza

Tampoco comprar el populismo de izquierda o derecha sería el mejor camino a seguir por la sociedad occidental. Prometer el cielo sin trabajar ni producir y vivir del welfare state, es una conseja perversa que solo producirá hambre y desempleo. Sería mejor para todos que el mundo marche hacia una transición ordenada y pacífica.

Está comenzando un nuevo capítulo en la historia de la humanidad lleno de desafíos e incertidumbre. El desplazamiento del equilibrio de poder de Occidente a Oriente puede implicar un paso del libre mercado hacia el control estatal de la producción. El tránsito del pensamiento libre al control de las ideas y el secuestro de la libre expresión.

Gobiernos, partidos políticos, empresas e inversores tienen la última palabra en esta peligrosa apuesta. Quien gane esta guerra impondrá sus reglas. Así como lo hicieron los aliados en la Segunda Guerra Mundial. De cualquier forma, la enseñanza del mandarín será cada vez más necesaria en los próximos años.

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