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La crisis sanitaria derivada del coronavirus le ha dado un duro golpe al resultado de la mayor petrolera del planeta, la compañía de origen saudí, Aramco.

La empresa de capitales mayoritariamente estatales recibió beneficios por 41.100 millones de euros en 2020, un 43 por ciento por debajo que en el año previo.

El derrumbe de las ganancias fue menor al que se hubiese podido anotar si en la segunda mitad del año pasado el precio del crudo no hubiera repuntado como lo hizo.

En contraste, entre marzo y mayo de ese año, el valor de los barriles, tanto del Brent como del WTI, estuvo en el piso. Incluso los futuros de la variedad texana llegaron a venderse por debajo de cero.

Igualmente, el gigante saudí optó por sostener el dividendo en un nivel elevado a partir de seguir incrementando su deuda (muy importante, por cierto).

A pesar de las novedades decepcionantes, los papeles de la empresa, que debutó en la bolsa en 2019, cerraron con un leve margen positivo apenas por encima del 0,5 por ciento.

Números que encienden alertas en la petrolera

En el par de años que Saudi Aramco tiene parte de su capital público, los beneficios pasaron de 110.000 millones de dólares a menos de 49.000 millones.

Más allá de esto, hay que tener en cuenta que la compañía árabe puede recuperarse pronto porque tiene uno de los costos de extracción de petróleo más reducidos del mundo, amplias redes para la refinación e ingresos multimillonarios.

Del lado negativo de la balanza, se cuenta que el petróleo está siendo, poco a poco, blanco de sustituciones por combustibles más “amistosos” con el medio ambiente.

Las energías renovables van ganando espacio y las matrices energéticas de los países viran hacia destinos alejados del crudo.

Por otra parte, hay que tener en cuenta que el gasto público Saudí está financiado casi por completo por los beneficios del gigante petrolero. Y esas erogaciones no paran de crecer desde hace largos años.

Nuevas perspectivas

El repunte del precio del crudo en la segunda mitad de 2020 y especialmente en lo que va de 2021 es notable. El Brent, por caso, pasó de 20 dólares en abril y cerca de 70 a comienzos de marzo. 

Sin embargo, viendo los números en perspectiva, se puede advertir que recién se están retomando los niveles de la pre-pandemia.

Por otra parte, hay que decir que buena parte de la explicación del aumento en los precios está en el acuerdo al que llegaron los países de la Opep más Rusia para reducir drásticamente la oferta y poder así controlar la caída del precio.

La Opep está liderada precisamente por Arabia Saudí, uno de los países más perjudicados del mundo cuando el precio del crudo cae.

Menos demanda

De acuerdo con información de la Agencia Internacional de la Energía, la demanda de petróleo de 2021 estará en alrededor de 96 millones de barriles por día, unos 2,9 millones de unidades menos que en el año 2019, cuando no había pandemia en el horizonte.

Aramco salió a la bolsa a finales de 2019 con el 2 por ciento de su capital y, por un buen tiempo, fue la compañía de mejor cotización del planeta, por encima de gigantes tecnológicos como Apple o Amazon.

Para tener en cuenta la dimensión de la empresa, vale decir que la petrolera de Arabia Saudí extrae casi uno de cada 10 barriles que se venden en el mundo. En 2020, extrajo 9,1 millones.

Qué pasará con el virus, la gran pregunta

Las expectativas para 2021 son muy amplias y están marcadas por cuánto afecte el virus a la movilidad de las personas. Las restricciones entre las fronteras son un gran problema para las empresas petroleras porque se reduce la demanda de combustible. Menos barcos, aviones, automóviles, trenes.

El objetivo de Aramco, según los datos dados a conocer esta semana, indica que la compañía va a invertir más de 34.000 millones de dólares, unos 9.900 millones menos de lo que había previsto, pero 7.900 millones más que los que invirtió en 2020.

Para poder sostener sus beneficios, el gigante está apelando a una conocida estrategia de corto plazo, pero que no puede sostenerse en el tiempo: deuda.

Saudí necesita ganancias para girarlas al elefantiásico Estado, su mayor accionista, que depende casi en su totalidad de lo que le transfiera la gigante petrolera.

Para entender el problema de Aramco es pertinente explicar que a la vez que el flujo de caja de la compañía creció hasta casi 50 mil millones de dólares (un 39 por ciento menos que en 2019), el reparto de dividendos a los accionistas se sostuvo arriba de los 74 mil millones.

El derrumbe de los beneficios de la petrolera se pueden comparar con la merma de los ingresos por esa vía del gobierno saudí, una baja que estuvo en el 31 por ciento en 2020. 

China bendita

La mayor parte de las expectativas de Aramco están puestas en lo que ocurra en el mercado de Asia, por lejos el más prolífico del mundo, tanto en aumento económico como en cantidad de personas.

Europa está aún golpeada por los confinamientos y en los Estados Unidos será muy difícil competir con los miles de millones en subsidios que puso Donald Trump y que pondrá Joe Biden para sostener la economía.

En la presentación de los estados contables, la compañía expone que es “optimista” para el 2021, especialmente para la segunda mitad.

Según el informe, China está casi en los niveles de la pre pandemia y otros países de Asia ya superaron al virus.

Un dato no menor demuestra la importancia de China para la petrolera Saudí: es la mayor proveedora de crudo del gigante que lidera Xi Jinping y espera sostenerse en ese puesto, al menos, por los próximos 50 años.

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