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La desconfianza en las criptomonedas por parte de los gobiernos y la banca se está normalizando. Por aquello de que “si no puedes con el enemigo únete a él”, la estrategia con respecto al dinero digital parece estar cambiando en todo el mundo.

Hay un proceso acelerado de desmaterialización del dinero y de reinvención a través de las monedas digitales. Ahora los bancos centrales están avanzando en sus planes de creación de sus propias criptomonedas.

El coronavirus aceleró este proceso que ya había iniciado con el extraordinario avance tecnológico de los últimos años. El mundo marcha hacia una economía sin efectivo. Mientras monedas referentes como el Bitcoin y Ethereum siguen afianzándose y aumentando su valor.

Ahora los responsables de trazar la política monetaria de los países entraron en la onda del blockchain. Solo para asegurarse de no quedar atrás de este proceso iniciado en 2008 por Satoshi Nakamoto, el seudónimo de quien o quienes desarrollaron Bitcoin.

¿Qué significa todo esto?

Cada día se acerca más el momento en que los bancos centrales pongan a disposición del público sus propias criptomonedas. Las personas recibirán salarios y pagos en criptomonedas respaldadas por el estado, que podrán gastar como mejor les parezca.

Solo bastará disponer de un teléfono inteligente y acceso a internet para hacerlo. Sin embargo, antes de que esto ocurra se escenificará una lucha de poder en torno a esta forma de dinero. Temas como la igualdad social, la estabilidad financiera y la privacidad entrarán en este debate que apenas comienza.

El miembro senior de Brookings Institution en Washington, David Dollar, advierte que todo este esfuerzo de los gobiernos es “defensivo”. Considera que los bancos centrales solo están “tratando de volver a la posición clave para controlar la moneda y la oferta monetaria”.

Entre los más entusiastas por la creación de criptomonedas estatales está China, cuyos planes apuntan a conquistar el mundo, lo que representa todo un desafío para Occidente. Actualmente está realizando pruebas para crear un yuan digital. Para ello se ha asociado con el sistema de transacciones globales SWIFT.

No ha faltado tampoco la adopción de medidas enérgicas contra servicios de pago muy poderosos como Alipay de Jack Ma. El estado chino no quiere competidores que van a contracorriente con sus propios planes de dominio económico y geopolítico.

Los bancos centrales quieren controlar las monedas digitales

En Europa y América también los funcionarios de los bancos centrales siguen de cerca la criptoexpansión. En otras palabras, los bancos centrales y los gobiernos quieren ponerle la mano a las monedas digitales y monopolizarlas.

Porque hasta ahora han estado fuera de su alcance. El dinero convencional es creado por el estado y controlado por los bancos centrales y la banca. Acuñar también criptomonedas es un sueño que hace frotar las manos a los banqueros estatales.

Las monedas digitales son otra cosa, ni siquiera representan deudas como una tarjeta de crédito. Es dinero electrónico “líquido” que entrará en competencia con dinero creado de forma privada como el Bitcoin.

Es dinero similar a los billetes y las monedas creadas por el estado. Efectivo electrónico que puede ser ahorrado y estar disponible “billeteras” electrónicas o en una aplicación, sin intermediarios financieros.

La cuarta forma de dinero está emergiendo

El subdirector de la Unidad de Derecho Fiscal y Financiero del Fondo Monetario Internacional, Wouter Bossu, lo explica de esta manera:

“Si miras la historia del dinero, tuviste la Fase Uno con las monedas de oro y plata de las Islas Griegas, la Fase Dos fue el dinero contable con el Amsterdam Exchange Bank, la Fase Tres fueron los billetes”.

El dinero digital creado por el banco central será una “cuarta forma de dinero en la civilización humana”, afirma.

Este tipo de moneda digital tendría una diferencia superlativa con respecto a otras como  Bitcoin o Ethereum. Las monedas privadas son muy volátiles, por lo tanto, difícilmente pueden servir como reserva de valor segura.

Tampoco están suficientemente aceptadas como para ser instrumentos de pago universales. Por ahora son más un activo de carácter especulativo. Por otra parte, están plataformas como Alipay que sirven como intermediarios de pago, pero no son monedas en sí mismas.

¿Un peligro para la privacidad de las transacciones?

El escenario de prueba escogido en China para el yuan digital ha sido Shenzhen, una metrópolis tecnológica situada al sur del gigante asiático. Sus residentes usan este instrumento habitualmente en tiendas como Walmart y gasolineras.

El banco central de China puso en circulación desde octubre pasado la moneda experimental que se puede usar a través de una aplicación para móviles. Los usuarios la usan del mismo modo como pagan electrónicamente en cualquier otra moneda.

Sin embargo, uno de los problemas más álgidos que enfrentarán los creadores de este sistema es su privacidad. Es un medio de pago que deja huella por lo que es menos privado que el efectivo y que otros pagos digitales.

Esto deja al ciudadano al descubierto frente a los gobiernos, que podrían rastrear más fácilmente las transacciones que realizan. Ya sea por su legítima necesidad de detectar movimientos de dinero ilegales (lavado, narcotráfico) o por simple espionaje estatal.

En China, por supuesto, el temor de los ciudadanos debe ser doble, dada su larga historia de control de su población. Pero, incluso allí, la hay preocupación de las autoridades por la privacidad.

El Banco Popular de China ha dicho que podría permitirse el “anonimato controlable”. Aunque solo para que las transacciones entre las personas no se conozcan entre sí. Sin embargo, si lo sería para los funcionarios del banco central.

El BCE y los vales de anonimato

Christine Lagarde, presidenta del banco Central Europeo.

Semejante nivel de invasión a la privacidad difícilmente sería intolerable en Estados Unidos o Europa. Este es un aspecto en discusión actualmente en el Banco Central Europeo. Su presidenta, Christine Lagarde, se ha referido al tema y ha dicho que el banco explora opciones propias.

Una de ellas es la posibilidad de crear “vales de anonimato”. Estos instrumentos financieros permiten al usuario transferir de manera privada determinada cantidad de moneda digital durante un período de tiempo definido.

La accesibilidad al sistema, es otro tema en discusión ya que requiere que la persona tenga un teléfono inteligente y acceso a internet. Esto deja a los más pobres en una situación de desventaja para poseer y disponer de estos activos.

La abogada del FMI, Catalina Margulis, sostiene que es fundamental que todas las personas tengan acceso a la tecnología digital. “Si el estado no puede garantizar el acceso universal, se plantearían cuestiones fundamentales sobre la proporcionalidad, la justicia y la inclusión financiera si la CBDC adquiriera un estatus de moneda de curso legal”.

Una amenaza para la banca privada tradicional

El otro gran dilema es qué harán los bancos. El sistema bancario depende para su funcionamiento de los depósitos de sus clientes. Necesitan trabajar con el dinero de otros.

Antes de que aparecieran las megaempresas financieras como PayPal o Alipay, los bancos reinaban. Eran las únicas instituciones financieras que intermediaban en las transacciones diarias. Eso también cambió para siempre.

Además, si los bancos centrales crean sus propias monedas digitales que pueden distribuir directamente al usuario no tendrían necesidad de utilizar a la banca privada. Este es otro tema que genera mucho nerviosismo en los banqueros normales.

En la zona del euro, por ejemplo, los bancos disponen de alrededor de 11,4 billones de euros ($13,8 billones) en depósitos de personas y empresas. Esta cifra equivale a un tercio de su volumen de financiación.

El solo hecho de que apenas una pequeña parte de este dinero migre hacia una moneda del banco central los haría temblar. Un movimiento de esta magnitud, no solo pondría en riesgo la estabilidad de la banca privada sino que sería el primer trompetazo a su desaparición. Su capacidad para otorgar préstamos quedaría reducida a lo mínimo.

Para el director del centro de innovación del Banco de Pagos Internacionales en Basilea y anterior miembro de la Junta Ejecutiva del BCE, dijo Benoit Coeure, el desafío para la banca privada es enorme.

“Si brinda acceso fácil al dinero del banco central, de manera ilimitada y sin problemas, eso puede tener un efecto adverso en los depósitos bancarios. Si no se mitiga de alguna manera, podría cambiar permanentemente el estado de los depósitos bancarios como fuente de financiamiento para los bancos”.

¿La moneda digital es más efectiva para impulsar las economías?

Es cierto que ningún banco central en Europa o América está pensando en ayudar a cavar la tumba del sistema financiero. Aun cuando resulte tentador pensar en el poder que podrían adquirir al controlar los pagos y el dinero. Esto es lo que lleva a pensar al experto en que la adopción de las monedas digitales por parte de los bancos centrales será un proceso lento.

Los banqueros centrales están conscientes también de las limitaciones de la política de estímulos convencionales. Recortar las tasas de interés no es la panacea para enfrentar los problemas económicos y financieros actuales. Se vio recientemente con la crisis del coronavirus.

En cambio, poner dinero directamente en las cuentas de los consumidores es mucho más audaz, aunque comporte riesgos. Hace falta una política monetaria más innovadora y efectiva. La moneda digital tiene la virtud de ofrecer la capacidad de impulsar las economías de forma directa.

“Muchos bancos centrales se sienten bastante incómodos hablando de esto porque sugiere que están contemplando el dinero en helicóptero”, afirma el economista del Instituto Francés de Asuntos Internacionales y Estratégicos en París, Remi Bourgeot.

Se puede hacer que las monedas digitales del banco central sean “programables”. Lo que daría al emisor control sobre el uso del dinero dado en préstamos. AL tener una fecha de caducidad incorporada puede proyectar y asegurar mejor el propósito de la política monetaria.

Dólar digital en estudio

Por lo pronto, la discusión sigue en fase experimental. El año pasado la Reserva Federal de EE.UU. reveló que existe un proyecto de investigación sobre un hipotético dólar digital. En este proyecto está trabajando un grupo de la FED de Boston conjuntamente con el MIT Media Lab en Cambridge, Massachusetts.

Aunque el  presidente de la FED, Jerome Powell, ha señalado que es más importante tener razón sobre el tema que ser el primero.

No obstante, el terreno avanzado por China en su proyecto de yuan digital tiene pensando a muchos bancos centrales. La expectativa sobre el tema crece cada día.  Tanto así que, según una encuesta del BPI publicada en enero, los bancos emisores de un amplio grupo de países espera tener su propia moneda digital en los próximos tres años.

“Los bancos centrales deben estar preparados para la rapidez con que se mueva el espacio. Sería prudente que estuvieran preparados incluso si no tienen interés en lanzar una moneda digital, o es posible que nunca lancen”, afirmó la directora de la Iniciativa de Moneda Digital en el MIT Media Lab., Neha Narula.

Los prestamistas miran con recelo al triunfante Bitcóin

El bitcóin que en los últimos meses se disparó después de pasar muchos meses en niveles mínimos, vuelve a la carga. Esta semana alcanzó un nuevo récord después de que Tesla, el fabricante de vehículos eléctricos, compró 1.500 millones de dólares de la criptomoneda.

La carrera del Bitcóin hacia 50.000 dólares es un hecho. La criptomoneda se llegó a cotizar al inicio de la jornada del martes 9 de febrero a $ 48,216. En tanto que su rival Ethereum elevó su cotización a un precio récord de $ 1,784.85.

Sin embargo, al final de la tarde de ese día en Nueva York el precio del Bitcóin estaba en $ 47,289 y el de Ethereum en $ 1.765,27. Desde los mínimos de marzo de 2020, el Bitcóin ha escalado su valor 1,150%. Aunque los prestamistas y Wall Street se mantienen todavía alejados de las criptomonedas.

Tanto Bitcoin y Ether, son monedas disponibles actualmente en las principales bolsas de valores del mundo. Pero ninguno de los seis mayores bancos de EE.UU. ofrece aun acceso a las monedas digitales a sus clientes.

Los bancos saben la amenaza que representan las criptomonedas para el sistema financiero tal cual se conoce. Son un decreto de muerte para la intermediación financiera. Pero seguramente encontrarán la forma de convivir con el dinero digital.

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