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La Unión Europea ha dicho que no reconoce a Alexander Lukashenko como presidente de Bielorrusia.

Ocurre un día después de que prestó juramento para un sexto mandato en una ceremonia secreta y en medio de una escalada de manifestaciones y represión en las calles de Minsk.

La Unión Europea, en un comunicado firmado por el jefe diplomático del bloque, Josep Borrell, dijo que la asunción de Lukashenko (que, por cierto, no fue anticipada por el gobierno bielorruso), así como su discutida reelección, carecen de “legitimidad democrática”.

La oposición en ese país asegura que las elecciones fueron manipuladas a favor de Lukashenko, e instó a continuar las protestas masivas en la capital de Bielorrusia, las que han sido reprimidas con violencia por la policía.

La comisión electoral de Bielorrusia, situada estratégicamente entre Polonia y Rusia, había confirmado el triunfo de Lukashenko, quien ha estado en el poder durante 26 años.

Según los datos oficiales, ganó con más del 80 por ciento de los votos, lo que ha provocado semanas de protestas en la ex república soviética.

A la ceremonia de juramento de Lukashenko, que se realizó en el Palacio de la Independencia, fueron invitadas muy pocas personas, mientras las calles de Minsk estuvieron cerradas.

Los presentes fueron principalmente funcionarios leales y no se invitó a ningún máximo mandatario extranjero. Un miembro de la oposición al partido de Lukashenko describió la escena como una “reunión de ladrones”.

Además de los 27 miembros de la Unión Europea, Estados Unidos también dijo que no reconoce los resultados de las elecciones.

Sin embargo, Lukashenko sigue contando con el apoyo de Vladimir Putin, su aliado más importante.

Crisis política

El comunicado de la Unión Europea dice que los resultados de las elecciones en Bielorrusia “son falsos” y que el acto del 23 de septiembre de 2020 y el nuevo mandato por Lukashenko “carecen de legitimidad democrática”.

También dice que lo actuado por el líder bielorruso “contradice directamente la voluntad de gran parte de la población, expresada en protestas sin precedentes”. También asegura que se profundizará “aún más la crisis política”.

Añade también que la Unión Europea está analizando cómo serán desde ahora las relaciones diplomáticas con Bielorrusia, “a la luz de la situación actual”.

Un cuarto de siglo en el poder

Lukashenko, de 66 años, insiste en que ganó de manera justa las elecciones del 9 de agosto y ha calificado las protestas en su contra como un “complot respaldado por Occidente”.

A principios de septiembre, obtuvo un préstamo de 1.300 millones de euros de Rusia.

La principal rival política de Lukashenko, Svetlana Tikhanovskaya, quien huyó a la vecina Lituania en medio de arrestos masivos, dice que ganó con por lo menos el 60 por ciento de los votos, pero que luego los resultados se fraguaron.

Muchas figuras de la oposición se encuentran ahora en un exilio autoimpuesto en países vecinos en medio de una ola de arrestos.

Protestas en Bielorrusia

Bielorrusia está presa de protestas masivas, provocadas por unas elecciones que se cree que han sido manipuladas a favor de Lukashenko.

La escala de las protestas no tiene precedentes en Bielorrusia. Más de 100.000 personas se han concentrado en el centro de Minsk, la capital, durante cuatro domingos consecutivos desde las disputadas elecciones de agosto.

Bielorrusia y su ubicación estratégica para Moscú.

Lukashenko asumió el cargo en 1994 en medio del caos causado por el colapso de la Unión Soviética en 1991.

A menudo calificado como el “último dictador” de Europa, siempre ha tratado de preservar elementos del comunismo soviético.

De hecho, gran parte de la manufactura ha permanecido bajo control estatal y los principales canales de comunicación han sido leales al gobierno.

Incluso la policía secreta todavía se llama como en los años de la URSS: KGB.

Al mismo tiempo, Lukashenko ha tratado de definirse a sí mismo como un nacionalista duro, basando su comunicación política en la defensa de su país ante las “dañinas influencias extranjeras” y como un garante de la estabilidad.

Estos factores le han dado, hasta ahora, una base sólida de apoyo, aunque las elecciones bajo su gobierno nunca se han considerado libres o justas.

Las crecientes protestas de la oposición por estos meses se han visto alimentadas por quejas sobre la corrupción y la pobreza, la falta de oportunidades y los bajos salarios (de los más bajos de la región).

La insatisfacción se vio agravada por la crisis del coronavirus.

Ahora hay un gran movimiento de oposición que exige un liderazgo democrático nuevo y una reforma económica.

Las denuncias de fraude en agosto se basaron, entre otros factores, en que no fueron invitados observadores independientes internacionales. Estos temores incluso se documentaron junto con numerosas irregularidades.

De hecho, el día de las elecciones se produjo un “apagón de Internet” que duró varias jornadas.

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