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La morosidad empresarial supone un buen indicador para medir la salud del funcionamiento de la economía. Y como era previsible, los efectos económicos producido por la COVID-19 tendrán impacto también en el impago empresarial. Una morosidad que en 2020 se acercará al 10% de la facturación de las empresas españolas. Así lo asegura una estimación realizada por la consultora especializada en impagos Credit Back. Según el informe, el impacto de la morosidad supondrá un coste financiero de 3.000 millones de euros en España, lo que supone un 0.,3% del Producto Interior Bruto del país.

La compañía Credit Back asegura que la morosidad empresarial vivirá un incremento sin precedentes del 100%. Un incremento que, junto con la previsible bajada de la facturación en prácticamente todos los sectores empresariales, le permiten afirmar que los impagos podrán suponer hasta el 10% de los ingresos totales de una compañía.

Los analistas de Credit Back constatan también un “factor psicológico” en el crecimiento de la morosidad. Ante la incretidumbre creada por el impacto de la COVID-19 en el desarrollo de la economía, las empresas se concentran en acumular recursos para hacer frente a la crisis económica. Según Credit Back este fenómeno hace que las empresas retrasen sus pagos y prefieran guardarse la liquidez para futuras contingencias producidas por la crisis.

Según los análisis de Credit Back, más del 70% de las empresas han fijado plazos de pago que van más allá de los sesenta días establecidos por ley, lo que está provocando este ahogo financiero y, en consecuencia, el incremento de la morosidad. La razón de esta ampliación de pagos es la suspensión de los pagos habituales recurrentes y su reprogramación, sin concretar plazos por parte de muchas empresas.

La morosidad, una tendencia creciente desde 2016

Sin embargo, la morosidad empresarial no se trata de una técnica producida únicamente por la crisis sanitaria de la COVID-19. La Plataforma Multisectorial contra la Morosidad lleva alertando desde hace años de una tendencia creciente en el impago por parte de las compañías. Según datos de la Plataforma, en 2019 España batió su récord en relación a la morosidad. En concreto el impago supuso el 3,1% de la facturación total de las empresas españolas. Se trata de una cifra que, según Credit Back, se triplicaría en este 2020. Sin embargo, la tendencia es  creciente desde hace años. En 2016, el impacto de la morosidad en la facturación de las empresas españolas apenas superaba el 2%.

Los impagos, pues, se han convertido en una práctica extendida, no solo en España, sino en las economías occidentales. En 2019 la tasa media de impago pasó del  1,5% registrado en 2018 al 2,4% registrado un año después. Se tratan de cifras parecidas a las sufridas en el conjunto de Europa. En el viejo continente, la tasa de impago en 2019 también se enfiló hasta el 2,2%, mientras que en 2018 se situaba en solo el 1,3%.

El Banco de España también prevé un incremento de la  morosidad

Pero no solo la compañía especializada en impagos Credit Back ha previsto un incremento de la morosidad. El Banco de España está monitorizando en estos momentos la evolución del sector bancario para adelantarse a posibles praxis de impagos. El supervisor ha advertido que la tasa de créditos dudosos había caído un 4,8% en 2019, mientras que la de refinanciaciones también había disminuido un 5%. Sin embargo, el organismo público detecta  que la crisis sanitaria producida por la COVID-19 “revertirá esta tendencia”.  Así, el Banco de España, a pesar de no hacer estimaciones concretas, sí prevé un “aumento de la ratio de morosidad y refinanciaciones”.  Y en concreto, prevé que la tasa de morosidad sea superior en el sector empresarial que en el familiar. De hecho, ya en 2019 la tasa de morosidad era más elevada en la cartera de empresas (con un 6,3%) que en la de las familias, que se situaba en el 4,1%.

El primer trimestre de 2020 muestra indicios sobre el incremento de la morosidad

Durante el primer trimestre de 2020, el pago medio pactado se situaba en 75 días, si bien es cierto que el retraso en los pagos ya entregó una cifra de 17 días adicionales. Según la consultora, es probable que pueda subir hasta los 110 días en junio, superando el peor registro que era de cien días en 2010, y que seguirá aumentando durante los próximos meses.

Otro de los elementos que se analizan para estimar la morosidad es el desempleo. En la crisis de 2008 se constató cómo la destrucción de empleo supone un incremento sin paliativos de la morosidad. En este sentido, una de las mayores preocupaciones de la banca, especialmente tras la crisis financiera, pasa por controlar los créditos, tanto en el sector empresarial o familiar en un contexto de recesión económica. La ratio de impagos sobre la facturación de las empresas llego a situarse en el 13,61% durante la crisis financiera de 2008.

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