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El precio del crudo estadounidense (West Texas Intermediate o WTI) cayó este lunes por debajo de US$ 20; y los futuros del Brent, el otro barril de referencia mundial, valen menos de US$ 26 (hasta tocaron un mínimo de US$ 23), casi la mitad que hace un mes, antes de que explotara la crisis del coronavirus.

La causa de este derrumbe del valor del llamado “oro negro” tiene una doble explicación:

  • Por un lado, la brutal caída en la demanda internacional, efecto causado en forma directa por la pandemia: el consumo y la industria en muchos países están paralizados y el comercio mundial está sufriendo un freno inédito. Empezó en China en enero, pero afecta a todo el planeta.
  • Por otro, la oferta aumentó a partir de una “guerra de precios” entre los países de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), liderados por Arabia Saudita, y la Rusia de Vladimir Putin.

En este escenario (muy negro, por cierto) los precios del crudo tocaron a comienzos de esta semana su nivel más bajo en 18 años, ya que los operadores entienden que la producción deberá seguir retrocediendo frente al colapso, lo que terminará causando el cierre de pozos y la quiebra de compañías.

La caída en la demanda por el “efecto coronavirus” no tiene comparación en la industria petrolera moderna, superando incluso la que se produjo a comienzos de la década de 1990, durante la Guerra del Golfo.

Para tener un parámetro a partir del cual tomar una dimensión del problema, basta mencionar que el tráfico aéreo, hoy casi paralizado por la pandemia, consume casi el 8 por ciento de todo el crudo y sus derivados en los Estados Unidos.

El petróleo, en caída libre

El valor del crudo internacional comenzó el tobogán descendente a principios de marzo, cuando Rusia no quiso acordar con la OPEP un recorte en la producción para sostener los precios del crudo. Algo a lo que los grandes extractores de petróleo están acostumbrados para manipular los valores internacionales.

Como respuesta, Saudi Aramco, la petrolera estatal de Arabia Saudita, anunció que desde abril no sólo no recortaría la producción, sino que la multiplicaría, acentuando el derrumbe de precios.

La estrategia: Arabia tiene espalda para soportar un largo tiempo con el crudo a 25 o 30 dólares, algo que no podría lograr Rusia.

Otros analistas entienden que, en parte, esto era algo que el país de Putin quería lograr para afectar, indirectamente, a los Estados Unidos, el mayor productor de crudo del mundo a partir de sus yacimientos de shale oil o petróleo no convencional.

Este producto es mucho más costoso de extraer que el petróleo “clásico” y no es viable con el barril por debajo de los US$ 50.

Los yacimientos de shale oil en Estados Unidos, uno de los objetivos de los grandes extractores de petróleo convencional.

Los datos de 2018 dicen que Estados Unidos tiene el 16,2 por ciento del market share mundial de petróleo, seguido por Arabia Saudita (13%), Rusia (12,1%), Canadá (5,5%), Irán (5%), Irak (4,9%), Emiratos Árabes Unidos (4,2%), China (4%), Kuwait (3,2%) y Brasil (2,8%).

Según el Financial Times, el excedente de petróleo diario podría acercarse a los 25 millones de barriles en abril, un nivel que incluso podría desbordar la capacidad de almacenamiento en todo el mundo en sólo algunas semanas.

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