La última década ha reflejado un cambio drástico en las políticas de drogas: desde la prohibición universal hasta la implementación de políticas alternativas e inclusivas.

Los países y ciudades que lideran este cambio están, indirectamente, promoviendo políticas de drogas basadas en la evidencia y dejando atrás la tradición y los tabúes.

A pesar de la oposición política y pública contra la legalización de la marihuana, los partidarios han sido capaces de comunicar efectivamente la idea de que la prohibición de las drogas ha causado más problemas que otra cosa.

Uruguay es, sin duda, uno de los principales protagonistas de este cambio. En 2013, el país sudamericano (entonces liderado por José Mujica) se convirtió en la primera nación en legalizar el cultivo, venta y consumo de marihuana. Sin embargo, debido a la falta de organización pública e industrial, recién este año veremos las implicaciones reales del proyecto de ley de legalización.

Desde el 2 de mayo, los uruguayos comenzaron a registrase clientes de marihuana legal. Esto significa que después de que el programa entre en acción, podrán comprar marihuana en las farmacias registradas.

La gente también puede obtener marihuana cultivándola en sus hogares (hasta seis plantas) y a través de un club (con 45 miembros y hasta 99 plantas). Este programa comenzará a funcionar en julio. Y, aunque parece prometedor, existe la preocupación de que los criminales intenten boicotear el programa.

El objetivo del proyecto de ley y su funcionamiento es reducir el tamaño del mercado negro y la inseguridad que conlleva. El gobierno uruguayo, aunque ha abierto tres opciones de consumo (farmacias, cultivos personales y clubes), espera que los ciudadanos prefieran, principalmente, comprar en las farmacias.

Sin embargo, por el momento sólo 30 establecimientos se han inscrito en el programa (de un total de 1000). Hay varias razones para ello: algunos argumentan que podría dañar su imagen y no quieren involucrarse en la venta de drogas. Pero otros tienen un argumento más convincente: temen tener que competir con los cárteles y las bandas de narcotraficantes.

Como resultado, las políticas de seguridad se vuelven más importantes. Por un lado, el gobierno uruguayo está tratando de disminuir la participación de las bandas de narcotraficantes en el «mercado» regular. Por otro lado, tendrán que lidiar con las consecuencias de esto. ¿Va a provocar una respuesta violenta de las bandas? ¿Causará otros tipos de delitos? Son cuestiones que habrá que abordar a tiempo y con las medidas adecuadas.

Uno de los elementos más importantes para el éxito de la legalización es que, de hecho, las farmacias se involucren más y las ventas de marihuana se normalicen. Si esto sucede, el gobierno uruguayo podrá medir los efectos económicos reales de un mercado legal de marihuana. Incluso podrían ver los efectos sociales, como las bajas tasas de criminalidad relacionadas con el narcotráfico.

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