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La pandemia de Covid-19 no solo ha cambiado la vida de todos los habitantes del planeta, sino también los negocios. Las empresas ya no volverán a ser las mismas pues muchos aspectos del trabajo, la producción y la comercialización han cambiado. Las implicaciones del COVID-19 en los negocios son más profundas de lo que creemos a simple vista.

La necesidad como madre de todas las invenciones, ha llevado a los negocios a tener que adaptarse y transformarse para sobrevivir. La mayoría se vio obligada a enviar muchos de sus empleados a trabajar desde casa o tuvieron que despedirlos. Mientras algunos proveedores de servicios no esenciales han tenido que cerrar.

Durante la crisis, la lucha por mantener saludables a empleados, clientes y proveedores, ha sido constante. Pero además, ahora las empresas deben lidiar todos los días con las cadenas de suministro. Muchas de ellas están paralizadas, trabajando a media máquina o con ventas disminuidas al mínimo, ya que enfrentan desafíos operativos y financieros.

El coronavirus tomó al mundo desprevenido y hasta ahora sus consecuencias a largo plazo comienzan a ser dimensionadas. Incluso, quienes estaban mejor equipados en materia de gestión de crisis, se están dando cuenta que esta no es una crisis más. Es la peor crisis de la sociedad moderna en todos los aspectos.

A partir de la pandemia, seguramente el mundo y las empresas serán más previsivos y podrán afrontar mejor crisis futuras. Tanto sanitarias como financieras. Solo que esta amenaza con quedarse más tiempo entre nosotros. De no ser por los paquetes de estímulo aprobados en muchos países, la crisis habría barrido a la mayoría de las empresas.

¿Qué implicaciones tiene la pandemia en los negocios actuales y cuáles serán los cambios que experimentarán las empresas después de la pandemia? Eso es lo que nos proponemos explicar en este artículo. Veamos.

Aumento del riesgo financiero de empresas y personas

Los bancos están incorporando nuevas técnicas de análisis sobre el riesgo financiero. Los banqueros saben que millones de sus clientes han perdido sus empleos. Por lo tanto, no pueden pagar sus tarjetas de crédito o sus hipotecas. También centenares de miles de empresas están al borde de quebrar y están resistiendo a pulmón hasta no se sabe cuándo.

Si bien restaurantes y tiendas están volviendo a abrir sus puertas, no saben si un rebrote en cualquier momento las obligará a cerrar de nuevo. Muchas de estas empresas no pueden pagar los gastos de alquiler y han tenido que renegociar los términos de los contratos.

Por otro lado, empresas industriales se atrasan también con los pagos por el alquiler de sus equipos o los locales que ocupan. Todo esto mientras sus ventas apenas dan para pagar la nómina y cubrir los costos de producción. Mantenerse al día con las hipotecas con los ingresos mermados, es un desafío constante.

Así el riesgo crediticio aumenta en todo el mundo. Los bancos han tenido que repensar cómo recuperar su dinero y no morir también en el intento. Afortunadamente, el sistema financiero en general está hoy en día mejor preparado para una rápida gestión de crisis que hace una década atrás. Ahora es más sólido y está mejor capitalizado.

Una investigación del Instituto Global McKinsey mostró que la tendencia actual de los bancos es aumentar radicalmente la medición y monitoreo del riesgo crediticio entre sus clientes.

Para ello, los principales bancos en todo el mundo están implementando una nueva configuración de análisis sectorial, análisis de alta frecuencia y resistencia de los prestatarios. Están revisando minuciosamente las probabilidades de incumplimiento de pagos. Algunos hasta intentan ahondar sobre la vida financiera de sus prestatarios.

Interrupciones en las cadenas de suministro

Las cadenas de suministro han sufrido una amplia e intensa interrupción desde mediados de marzo cuando comenzó la crisis. Las medidas de aislamiento, la interrupción del tráfico aéreo y marítimo y los retrasos en el transporte internacional han impactado negativamente el comercio.

La consultora estadounidense Gartner aconseja centrar la gestión de riesgos en la cadena de suministros en tres aspectos claves: preservar el capital humano, prever concienzudamente la demanda y evaluar el impacto sobre los costes. Sobre la base de estos tres elementos, deben actuar con rapidez las empresas.

Las empresas proveedoras deben aprender a hacerse más resistentes a los efectos de la pandemia. El riesgo en las cadenas de valor debe estar incluido en todo análisis de mercado actualmente.

Con el apoyo de soluciones tecnológicas, ahora es posible prever escenarios y monitorear las capas de redes de proveedores. Así como también acelerar el tiempo de respuesta e incluso transformar la economía de la producción.

Para evitar interrupciones súbitas en los suministros, es preciso mantener una comunicación fluida con los proveedores internacionales. Esto permite prever cambios en las reglas o normas propias de sus países. Tener proveedores alternativos, si alguno de los tradicionales falla, y suficiente liquidez financiera para responder a los compromisos.

Nueva experiencia del cliente

El impacto del virus en la forma como se vende es otro punto de debate entre las empresas actualmente. Las marcas se han dado cuenta que la experiencia del cliente ha cambiado con la pandemia. ¿Qué tanto se han sentido acompañados los clientes? ¿Las empresas se están comunicando eficazmente con los consumidores y atendiendo sus expectativas?

Estas son preguntas que requieren respuestas para la propia supervivencia de las empresas. La crisis sanitaria ha obligado a la gente a cambiar sus hábitos de consumo. Por razones de salud, limitaciones financieras, modo de trabajo e incluso por las nuevas formas de relacionarse.

El confinamiento obligado aceleró algunas de estas transformaciones que ya venían en marcha paulatinamente. El comercio electrónico se ha disparado a niveles estratosféricos por el aumento de la demanda a través de los medios digitales.

Tanto así que grandes cadenas de suministros han tenido que establecer restricciones de acceso para evitar que colapsen sus plataformas. Si bien las compras digitales ya estaban bastante extendidas, no eran la principal opción de las compañías, ahora sí.

Pero, en un mercado de competencia creciente “la experiencia de cliente se ha convertido en el principal argumento para marcar la diferencia y distinguirse de otros competidores”, afirma el country manager de SAP Customer Experience España, Alfonso Cossío.

Según este experto, las empresas tienen ante sí el desafío de adaptarse rápidamente a los cambios. Afirma que para estar en capacidad de ofrecer experiencias únicas al cliente, deben asumir tales cambios con flexibilidad, agilidad y conocimiento.

Formas de trabajo

De repente las organizaciones tuvieron que ajustar también las formas de trabajar. Con el coronavirus han cambiado las relaciones laborales haciéndolas más flexibles en cuanto al liderazgo y la supervisión. Así mismo hubo que justar los horarios, la jornada de trabajo y hasta el sitio de trabajo.

El teletrabajo no es un método de trabajo reciente. Pero vaya que si se ha extendido lo suficiente como para comenzar a competir con el trabajo presencial. Y no se trata de algo pasajero, pues ya muchos trabajadores prefieren seguir trabajando desde la comodidad de su hogar y ahorrarse cientos de euros al mes en transporte y alimentación.

Para las empresas también ha resultado favorable pues está demostrado que puede llegar a ser altamente productivo. Siempre y cuando se adopten protocolos de trabajo, supervisión y evaluación adecuados. Las empresas ahorran ciertos costes de espacio y mantenimiento y le sacan mayor provecho a sus herramientas digitales.

A fin de evitar más propagación del virus, muchas empresas han preferido mantener el distanciamiento de su personal. Aunque para los empleadores haya significado un gran esfuerzo sincronizar los equipos de trabajo y capacitar a sus empleados en el uso de las herramientas tecnológicas de trabajo.

Dependiendo del área de trabajo y el tipo de empresa, el trabajo remoto se convertirá en obligatorio de ahora en adelante. Empresas y empleados han descubierto que pueden ser más productivos trabajando en horarios flexibles. Así tienen el tiempo suficiente para agendar sus propias actividades personales.

Uso creciente de la automatización y la IA

La digitalización de empresas por razones de costes y elevación de la productividad es una necesidad. Las empresas están viendo la necesidad de acelerar su migración al modelo digital. De hecho, los presupuestos de compras de tecnología de las empresas han aumentado considerablemente.

El hecho de que las empresas hayan tenido que continuar sus operaciones con menos personal las ha obligado a buscar alternativas. En ese sentido, el uso de procesos automatizados se ha acelerado rápidamente. Muchos trabajos indudablemente serán destruidos por robots, CRMs y otras herramientas tecnológicas.

La automatización de trabajos repetitivos en tareas administrativas y en la fabricación es algo que ya suena. Si bien implica un coste elevado inicial en nuevas tecnologías, a la larga los beneficios serán evidentes y los ahorros lo justificarán.

A medio y largo plazo, necesitamos que nuestra industria sea más competitiva, modernizando el tejido productivo y asegurando su crecimiento, afirma Álvaro Esteve, Director de Digital Industries Factory Automation en Siemens España.

“En este sentido, la industria deberá convertirse en el motor de la economía española en el mundo post-Covid-19 y para ello será fundamental su inversión en digitalización”, agrega.

Antes de la pandemia, la digitalización y el uso de Inteligencia Artificial se consideraban una necesidad para competir. Ahora son elementos indispensables para la supervivencia de las empresas.

Otros cambios en proceso

Además de visualizar estos cambios en pleno desarrollo, los expertos recomiendan a las empresas volverse más resilientes. Esto implica incorporar a sus estructuras protocolos de dirección y gestión de riesgos y personal. Igualmente, modernizar sus sistemas tecnológicos, mantener la continuidad de las operaciones y gestionar sus cadenas productivas.

Entre otros cambios que la crisis de coronavirus está generando en las organizaciones empresariales están:

  • Cambio de valores en el mercado. Es decir, una transformación en el comportamiento de compra de los consumidores.
  • Sustitución de importaciones. Los altos costes de adquisición de productos importados están llevando a algunos países a plantearse la necesidad de alentar la reactivación de industrias y las compras nacionales.
  • Presión sobre los precios. El consumidor es más selectivo y compra solo lo esencial, con preferencia por el lowcost con calidad.
  • Impactos Sectoriales. Algunos sectores han sido más favorecidos o menos golpeados que otros durante la crisis del coronavirus. Por ejemplo, el sector tecnológico en contraposición con el turismo.
  • Acuerdos y trabajos colaborativos. Para sobrevivir muchas empresas se están uniendo para mejorar su perspectiva financiera y operacional. Este fenómeno se observa por igual en grandes y medianas y pequeñas empresas.

La era post COVID-19 requerirá de nuevas y más afinadas estrategias empresariales orientadas a un entorno muy competitivo y un mercado más exigente. Lo que exigirá, desde luego, de una transformación de las organizaciones a lo interno y a lo externo.

El mundo sigue girando a pesar de la pandemia. Muchos inversores de la bolsa han decidido cambiar el miedo y la incertidumbre por una economía resucitada y fortalecida. Si el control del virus se logra antes de lo previsto, los arriesgados habrán hecho el negocio de sus vidas. El riesgo implica mayores rendimientos. Pero hay que apostar.

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