(Tiempo de lectura: 5 min)

Las conversaciones acerca de la eventual fusión entre las dos principales compañías petroleras estadounidenses, ExxonMobil Corp. (ExxonMobil) y Chevron Corp, exploradas al más alto nivel en 2020, según ha revelado Wall Street Journal (WSJ), es uno de los indicios más claros sobre el impacto que sigue teniendo la pandemia del Covid-19 sobre la economía global.

Aunque el sanitario no es el único factor que alienta los posibles cambios impensados al inicio de la pandemia, hace escasamente un año, el dato confirma los ajustes obligados entre muchos de los actores que sustentan la economía global. Entre otras, una de las razones principales es la mayor sensibilidad que, frente al tema ambiental, alienta la propia crisis.

Un artículo firmado por Christopher M. Matthews,  publicado en Wall Street Journal (WSJ) al cierre de enero, atribuye a fuentes anónimas vinculadas a los líderes de ambas compañías, Darren Woods de Exxon y Mike Wirth de Chevron, las conversaciones sobre una posible fusión de las empresas.

Aliados frente a un enemigo común

Los encuentros no confirmados que habrían tenido lugar el año pasado, dan cuenta de una profundización en las conversaciones. Pero sin que estas prosiguieran en niveles técnicos o legales. Se desconocen las razones de su inicio o cancelación.

De confirmarse la versión sobre el potencial acercamiento entre Exxon y Chevron, podría tratarse de uno de los casos de fusión más grandes en la historia reciente, dentro y fuera del sector de los hidrocarburos.

Ambas empresas provienen de fusiones precedentes: Exxon y Mobil la primera y Chevron Texaco, la segunda. De por sí, la sola posibilidad de una fusión ya representa un escollo dada la sensibilidad que acarrea a nivel político el tema del monopolio entre empresas. Tras conocerse la noticia, las acciones de ambas compañías en el mercado bursátil presentaron tendencias a la baja.

ExxonMobil Corp, también reorienta buena parte de su labor hacia el mercado de las energías limpias y la reducción de las emisiones de carbono (CO2). La empresa se ha consolidado principalmente en las operaciones de Petróleo y Gas, Energía Eléctrica y Petroquímica estadounidenses.

Chevron tiene cerca de 22.000 puestos de venta en prácticamente todos los continentes. Participa en labores de exploración, producción, refinación y comercialización del crudo, gas y otros derivados del petróleo. Igualmente, en el mercado del carbón, generación y el uso de energías “limpias”.

Acciones para sobrevivir en la era post-pandémica

Tras la caída de la demanda, ambas empresa se han visto forzadas a implementar acciones para hacer frente al derrumbe de los precios a niveles históricos como los sufridos en 2020.

La posibilidad de una fusión entre estas dos empresas reside en sus resultados preocupantes. Además, ambas tienen un origen común. Provienen del monopolio Standard Oil de John D. Rockefeller, disuelto por hace un siglo precisamente por regulaciones antimonopolio.

El valor de Exxon está estimado en 190.000 millones de US$. Sin embargo, llegó a ser la primera empresa del mercado estadounidense con casi US $ 400.000 millones en activos. Luego fue desplazada por los gigantes tecnológicos. Chevron, por su parte, tiene un valor que bordea los US $ 164.000 millones.

No se descarta que las conversaciones continúen a futuro. La culminación de un potencial acuerdo convertiría al consorcio resultante en la segunda empresa petrolera más grande del mundo.  Detrás de Aramco, la empresa saudí con más de 7 mil millones de barriles de producción.

Mike Wirth, presidente ejecutivo de Chevron y Darren Woods, presidente ejecutivo de Exxon abordaron la posible fusión tras el brote del coronavirus que también mermó la demanda de petróleo y gas, generando una gran presión en las finanzas de las empresas.

La mayoría de las grandes compañías petroleras a nivel mundial debieron recurrir a medidas apresuradas. Una de ellas fue la reducción considerable del valor de sus activos. En no pocos casos, las compañías debieron endeudarse para poder cumplir los pagos con sus accionistas.

Durante el último año, las amortizaciones para compensar la caída del valor en los activos por parte de las principales empresas petroleras superaron los 60.000 millones de dólares. No sólo por el temor al “largo plazo” que caracteriza a esta crisis, sino porque algunos activos llegaron incluso “a no valer nada”.

La presión de un entorno cambiante

No sólo se trata de la pandemia. Una estimación de Financial Times, por ejemplo, calcula en alrededor de US $ 900.000 los activos inviables de las empresas, de llegar los países a acogerse a las medidas para reducir en 1.5° el efecto del calentamiento global.

Por otra parte y desde finales de 2020, las expectativas por un cambio en las políticas de exploración y extracción con el advenimiento de Joe Biden al poder en Estados Unidos, agregan otro ingrediente de no poca monta al escenario agitado del petróleo.

A diferencia de décadas pasadas cuando algunos factores que alteraban el entorno petrolero eran predecibles – como los conflictos geopolíticos principalmente-, hoy el vértigo atribuido a los cambios puede llegar a alterar cualquier escenario en cuestión de semanas o incluso días, mientras las crisis aparecen y se desatan con inusual rapidez.

Temores similares se vivieron durante la debacle petrolera, en 2014. Y ahora, en “versión mejorada”, dada la influencia del virus que sigue haciendo estragos en prácticamente todos los sectores de la economía y con diferencias variables entre los países.

El historial de adquisiciones y fusiones en el sector petrolero durante diferentes décadas ha sido estimulado por diferentes razones. En el fondo siempre subyace el mercado y esta vez no es diferente. Aunque la causa principal es, paradójicamente, de orden sanitario y no son precisamente las temidas emisiones de CO2.

En una sola semana, a mediados de 2020, se daban a conocer dos casos de fusión en empresas petroleras estadounidenses. Conoco Phillips desembolsaba US $ 9.700 millones por Concho Resources. 48 horas después, Pioneer Natural Resources anunciaba la compra, por 4.500 millones de dólares de Parsley Energy.

Energía limpia como alternativa al petróleo

Esta es otra amenaza a las compañías petroleras. Desde hace un tiempo las energías “limpias” establecen rutas para muchas de las operaciones que se dan en Wall Street. Grupos como NextEra Energy, que operan en Estados Unidos y Canadá, pesa proporcionalmente más en la bolsa que ExxonMobil, el gigante del que se dice que ahora explora la posibilidad de una fusión.

Las acciones de muchas compañías ceden ante la presión del mercado. En parte, porque muchas de estas empresas prefieren, al resultar menos atractivas, desvincular las energías fósiles de su maletín y entrar en la onda ambiental. Esto es algo sobre lo que adicionalmente el consumidor está cada vez más sensibilizado.

Muchas empresas se han visto forzadas a adaptarse a  los nuevos entornos. Así, del monocromático sector petrolero, han derivado al polícromo campo de la energía eólica, geotérmica, hidrógeno, carbón y los biocombustibles. Al igual que las materias primas, investigación, empresas de upstream, fertilizantes, tecnología y un sinfín de sectores con demanda creciente.

Se prolonga la incertidumbre

Por su parte la consultora de energía, Wood Mackenzie, presentó recientemente el informe: “Mercados petroleros 2021: qué observa”, elaborado por los expertos Ann-Louise Hittle y Alan Gelder. En el mismo se analiza la expectativa del mercado.

Según el estudio, la demanda estará supeditada a dos factores ajenos a la industria: a) El ritmo de distribución de la vacuna Covid-19 y b) El ritmo de la recuperación económica mundial. La vacunación puede verse favorecida en países más grandes o con acceso médico. Mientras que en otros, el ritmo de vacunación puede variar.

En cuanto a la recuperación de la economía, podría estar condicionada por los nuevos bloqueos y el resurgimiento de la pandemia.

La crisis del 2020 es calificada como la “tormenta perfecta” para la industria mundial de refinación. El coronavirus, la caída del precio del petróleo y la producción restringida, fueron las causantes del desplome petrolero. De una caída superior al 80% en el cuarto trimestre de 2019, se pasó a un colapso del 66% en el segundo trimestre del año pasado.

Al margen de la crisis sanitaria, persisten otros temas recurrentes para el sector. Entre estos destacan la propia OPEP como organización y las dificultades para alcanzar acuerdos.

Otro tema es el precio del barril, unido a los recortes de producción. Incluso, el propio tema de los márgenes ascendentes en las empresas mediante alta calificación, reducción de costes y ganancias de eficiencia.

EPF-organic

EXCLUSIVAEl País Financiero

Las lucrativas oportunidades de inversión post-COVID-19

El equipo de analista financieros de EL PAÍS FINANCIERO comparte las mejores oportunidades de inversión única y exclusivamente con sus suscriptores.

Únete completamente gratis a nuestra lista de suscriptores y descubre las irrepetibles oportunidades de inversión que esta crisis global ha dejado para los inversores más hábiles.


Tus datos personales serán tratados con absoluta confidencialidad.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here