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Durante dos días los líderes de la Unión Europea han estado trabajando en un acuerdo dirigido a aumentar el estímulo para enfrentar la pandemia de coronavirus. Las discusiones han continuado este domingo, pero la canciller alemana Angela Merkel, advirtió que el creciente rigor sobre el nivel de gasto podría no ser superada fácilmente.

Los dos países más influyentes del grupo, Alemania y Francia, están discutiendo un acuerdo para aprobar un nuevo paquete económico de ayudas por 1,8 billones de euros para rescatar a las economías de los países de la Zona Euro más castigados por la crisis.

Los puntos en conflicto son la cantidad de dinero que se destinará al nuevo fondo de recuperación y cuánto se dispondrá en préstamos y subvenciones. Esto ha profundizado la división entre el norte y el sur europeos.

Los estados del norte más ricos que lideran los Países Bajos e incluye a Suecia, Austria, Finlandia y Dinamarca, son partidarios de limitar el tamaño del fondo. Mientras que los del sur (entre ellos Italia y España), presionan por su ampliación a 750,000 mil millones de euros.

Las bolsas europeas, por otro lado, han estado a la espera desde el viernes por los resultados del Consejo Europeo.

No habrá dinero para quienes violen principios democráticos

Adicionalmente, la cumbre enfrenta otras dificultades para establecer la escala de rebajas presupuestarias de la Unión Europea para los países más ricos. También, una disputa relacionada con el nuevo mecanismo que ha sido propuesto para el estado de derecho.

Los países europeos cuyos gobiernos desconocen los principios democráticos, podrían ser castigados y no recibir financiación alguna por parte de la UE.

A su llegada a Bruselas, el primer ministro de Grecia, Kyriakos Mitsotakis, declaró: “sinceramente espero que hoy podamos romper el punto muerto”. Grecia apenas se estaba recuperando de la crisis de deuda de 10 años al momento de producirse la pandemia.

Mitsotakis, llamó a los demás miembros de la zona euro a superar las diferencias. Enfatizó que en estos momentos es impensable que Europa permanezca “dividida o débil”.

Un desafío para la integración europea

Para los líderes asistentes a esta cumbre cara a cara que cuenta con todas las medidas de seguridad, este es un momento decisivo. En medio de la peor crisis sanitaria y económica de la historia contemporánea, consideran la reunión un verdadero desafío en casi 70 años de unificación europea.

De no llegar a un acuerdo en tales circunstancias, la viabilidad del bloque plantearía dudas muy serias, han dicho expertos y funcionarios de distintos gobiernos.

La canciller alemana, Angela Merkel, explicó que “hay mucha buena voluntad, pero también muchas posiciones. Haré todo lo posible, pero es posible que no haya resultado”.

Entre los diplomáticos asistentes a la cumbre se cree que las conversaciones podrían extenderse hasta el lunes. El primer ministro de Hundría, Viktor Orban, dijo que de ser preciso permanecería en Bruselas toda la semana. Aunque indicó que ante la falta de un acuerdo, lo más probable sería que realizar una nueva cumbre en julio.

Las consultas y negociaciones previas entre los 27 jefes de estado presentes, retrasó indefinidamente el inicio formal de la plenaria de la cumbre.

Desde su llegada a la reunión cumbre, el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, no ha hecho ninguna declaración. Sánchez ha tenido diversos contactos y encuentros con otros jefes de estado durante los dos días de discusiones.

El presidente del gobierno español, Pedro Sánchez durante la cumbre.

Países Bajos y sus aliados acusados de chantaje

Tanto Merkel como el presidente de Francia, Emmanuel Macro, abandonaron las discusiones informales el sábado. Ambos rechazaron que los subsidios establecidos en el paquete de ayudas para las economías más golpeadas por la crisis, quede por debajo de los 400,000 millones de euros.

Antes, el primer ministro de Italia, Giuseppe Conte acusó a los Países Bajos y a sus aliados del norte europeo de “chantaje”. Estocolmo ha propuesto que las subvenciones sean reducidas a solo 155,000 millones de euros.

Macron indicó que aunque hay voluntad de compromiso, no se debería desistir “de la ambición legítima que debemos tener”, sobre el tamaño del fondo de recuperación propuesto de 750,000 millones de euros. El fondo será financiado con el dinero que se recaude en los mercados de capitales.

El primer ministro holandés, Mark Rutte, que en marzo del próximo año enfrentará elecciones  parlamentarias reveló las diferencias del grupo con Alemania y Francia. Dijo que Merkel y Macron la noche del sábado “se alejaron molestos”.

La amenaza de Hungría

Hungría y Polonia, su aliado euroescéptico mientras tanto, amenazó con vetar el paquete vinculado con el mecanismo del estado de derecho que apoyan los holandeses. Los dos países han sido acusados de violar los principios democráticos, junto con Rumanía, Serbia, Turquía y Ucrania.

Viktor Orbán, el primer ministro húngaro, acusó a Rutte de guardar rencor hacia él. “No sé cuál es la razón personal por la que el primer ministro holandés me odia a mí o a Hungría, pero está atacando con tanta dureza”.

“No me gustan los juegos de culpa, pero el holandés es el verdadero hombre responsable de todo el desastre”, declaró Orban a los medios presentes. El gobierno holandés no hizo comentarios al respecto.

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