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Los rápidos cambios que está introduciendo China van a afectar a muchas empresas estadounidenses. Esta situación podría eventualmente favorecer a las economías latinoamericanas que navegan entre dos aguas. La creciente influencia de China en la región y el temor de Washington a la invasión de su “patio trasero”, ponen el asunto en primera línea.  

Actualmente, existe una relación de dependencia muy grande entre las economías de Estados Unidos y China. Las empresas de EE.UU importan muchos productos de China, en tanto que el gigante asiático es el tercer mercado más grande para las exportaciones estadounidenses. 

Las compras de productos chinos por parte de las empresas estadounidenses superan los 435.000 millones de dólares al año. Por su parte, los EE.UU venden a China unos 124.000 millones de dólares en productos diversos. Así mismo, las ventas de servicios se mueven en las dos direcciones, aunque favorece ampliamente a China.

Igualmente, las inversiones financieras son muy fluidas para ambos países. Pero China quiere convertirse en autosuficiente y superar a los Estados Unidos en todo. Estos cambios, desde luego, impactarán de forma significativa las relaciones comerciales entre los dos países y a las empresas de EE.UU.

El año pasado, el partido comunista chino en un comunicado delineó los planes del país para el próximo quinquenio. “La ciencia y la tecnología deben ser autosuficientes como apoyo estratégico para el desarrollo nacional”. 

Imagen de Xi Jinping detrás de una estatua de Mao Zedong.

América Latina una opción para los EE.UU

El rally por quien es primero, fue impulsado en parte por los aranceles que Trump impuso a China, que generó cuestionamientos al liderazgo de Xi Jinping sobre la forma como había manejado las relaciones con los EE.UU. Desde allí las tensiones entre los dos países y las maniobras políticas y económicas han aumentado.  

Por otra parte, está la ideología del presidente Xi Jinping, un fiel seguidor de los postulados de Mao. Sus reformas están dirigidas a controlar toda la economía china. Las grandes empresas de tecnología y gigantes comerciales como Ali Baba ya han experimentado sus primeras acciones. 

En este match que podría empujar a las empresas estadounidenses a tener que salir de China, América Latina es una opción clara. Aunque China ya ha tomado un poco de ventaja a los EE.UU en el cultivo de sus relaciones comerciales con Latinoamérica. 

Mientras los EE.UU han estado ausentes y enfocados en otras regiones del planeta, China ha venido avanzando. La potencia asiática ha desarrollado una fina geopolítica a través del comercio y sus préstamos secretos con los países de la región. 

Con México, Nicaragua, Venezuela, Bolivia y Argentina por razones ideológicas, pero con el resto por razones prácticas. Chile, Colombia, Perú, Uruguay, Panamá y otros, necesitan el mercado chino y los préstamos.

China, una tabla de salvación para Latinoamérica

A medida que EE.UU se ha retirado de América Latina, los gobiernos de la región han visto en China una tabla de salvación. El régimen chino a su vez se ha favorecido al abrir nuevos mercados para sus productos en la zona de influencia de los EE.UU. Al tiempo que ha obtenido ventajas políticas al lograr que muchos países ya no reconozcan a Taiwán como estado independiente.

Gracias a la diplomacia comercial, China logró que 19 gobiernos de América Latina y el Caribe se incorporaran a la Iniciativa Belt and Road (BRI) promovida por Xi Jinping. Se trata de una red de infraestructura y comercio transcontinental que supera el billón de dólares. 

En el pasado, la dependencia de las economías latinoamericanas de Estados Unidos y Europa las hizo vulnerables. Ahora se presenta el mismo caso con China. La venta de materias primas en los mercados asiáticos junto con las recurrentes crisis económicas, sociales y políticas, ha conducido a Latinoamérica a tener que recurrir a China para vender sus productos y obtener préstamos.

Un matrimonio obligado

Los países latinoamericanos por necesidad han tenido que dejar de mirar al norte y girar su mirada al Oriente. El resultado es que China es hoy en día el principal socio comercial de América del Sur. Las empresas chinas invirtieron en 2019 12.8 mil millones de dólares en la región, aumentando en un 16,5% sus inversiones con respecto a 2018.

Las principales áreas de inversión fueron obras de infraestructura: ferrocarriles, puertos, carreteras y represas. China otorga préstamos en yuanes a los países latinoamericanos, financia el trabajo de sus empresas de construcción y crea mercados para sus empresas de tecnología. 

Después del colapso económico mundial por la crisis financiera de 2008, las compras de China de productos básicos agrícolas y minerales evitaron que América del Sur resultara más afectada por la crisis.

Luego, durante la pandemia, la dependencia de China se amplió mediante las compras de cobre de Chile, carne vacuna de Uruguay y Argentina, petróleo y café de Colombia y soja de Brasil. 

La empresa China Cosco Shipping basada Shanghai, está construyendo en Chancay, Perú, un nuevo puerto por un valor de 3 mil millones de dólares. Hay otras obras muy ambiciosas en proyecto como el ferrocarril transcontinental, que uniría las costas del Océano Atlántico con el Pacífico desde Brasil hasta Chile.

No es que los países y las empresas latinoamericanas quieran per se depender de China, es que la situación los ha obligado. “Preferiríamos no depender tanto de las exportaciones a China, pero ¿cuál es la alternativa?” declaraba el embajador de Brasil en China, Paulo Estivallet, a Time al referirse a este tema. “Es más rentable vender aquí que en cualquier otro lugar”.

Empresas estadounidenses están reevaluando dónde producir 

De manera que tampoco a las economías latinoamericanas les resultará fácil desprenderse de la enorme y creciente influencia de China en la región. Aunque esta es una oportunidad de oro para que las economías de América Latina saquen ventaja de batalla entre los dos colosos.

Después de las regulaciones dictadas por  China a las empresas occidentales a través de sus organismos reguladores, las posibilidades de Latinoamérica están aumentando. Además, hay una tendencia hacia la reubicación que está impulsando a las empresas estadounidenses a reevaluar adónde trasladar sus plantas industriales y sus inversiones. 

A largo plazo, en ese radar no aparece China que bajo el mando de Xi Jinping ha endurecido sus leyes y reorientado el rumbo. Desde el minado de Bitcoin, hasta el Nearshoring (la transferencia de trabajo a empresas menos costosas y geográficamente más cercanas), se verían favorecidas en los próximos años. 

Solo queda por ver qué harán realmente empresas como Tesla, General Motors, Nike, Panasonic, Avon, Black & Decker, CitiCorp, Coca-Cola, Colgate-Palmolive, Dillards, Dollar Tree Store, Goodyear, Home Depot, Johnson & Johnson, JVC Electronics, Mc Donalds y decenas de otras.

Estados Unidos se ha dado cuenta que necesita trabajar más las relaciones comerciales con Latinoamérica. Y el propio presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, ha pedido a las empresas estadounidenses que colaboren para enfrentar el poderío chino y ev itar ser superados.

Más prácticos y menos proteccionistas 

Los analistas opinan que con la adopción de políticas adecuadas, los gobiernos de los países de América Latina pueden transformar sus economías en lugares muy atractivos para la instalación de nuevas fábricas que permitan a los Estados Unidos abastecerse y disminuir sus costos. Tal como lo ha sido China hasta ahora.

Es la oportunidad que tiene la región para construir un lugar sólido en la producción y el comercio mundial de bienes y servicios y consolidar una política de integración regional. El problema, como siempre, son los vaivenes políticos, la falta de voluntad de los gobiernos y las diferencias ideológicas que se superponen a los beneficios económicos y comerciales. 

El año pasado China estuvo muy activa en América Latina, “asistiendo” a varios países con la venta de sus vacunas contra el covid-19. Igualmente, aprovechó para comprar empresas golpeadas por la crisis pandémica y asegurarse contratos de productos básicos a precios bajos.

Mejoran los pronósticos para América Latina 

Este año, la escasez generalizada de los commodities ha hecho que la dependencia de los países Latinoamericanos de China haya disminuido. Estados Unidos y todo el mundo están comprando más en América Latina. La región tendrá un mejor año en comparación con el desastroso 2020, que dejó en el suelo a la mayoría de economías regionales. 

De hecho, el Fondo Monetario Internacional ha mejorado sus pronósticos para este año y prevé un crecimiento de 6,3%. A pesar de que el año pasado la economía latinoamericana se contrajo un 7,7%, según las estimaciones de la CEPAL, y muchos problemas persisten.

Las dificultades comerciales no han sido superadas y la región aparece por detrás del África subsahariana. Entre 1995 a 2015, la participación de Latinoamérica en las cadenas de suministro globales, sólo aumentó un 0,1%. Mientras que en el resto de la cadena de suministro mundial, el aumento del comercio fue de un 19%.

Toda esta situación, más los daños ocasionados por la pandemia le abrieron a China una oportunidad que no tenía. Pudo mejorar sus lazos políticos y comerciales con muchos países y aprovechó para vender vacunas, máscaras protectoras, trajes especiales y kits de pruebas. 

China está obligando a EE.UU a mirar al sur

Los movimientos de China en la región están presionando a Estados Unidos para que vuelva a prestarle atención a los países situados al sur del Río Grande. Biden al igual que Trump está convencido de los males que podrían acarrear a los EE.UU la influencia china en el continente. 

Muchos en Washington están convencidos que China aprovechó la pandemia para crear un caos mundial y lograr la supremacía. Pero muchos en Washington dudan que con las actuales políticas regulatorias China pueda convertirse en la primera economía mundial.

Decenas de empresas permanecen aún en China a pesar de las advertencias. Sin embargo, desde 2018 otras tantas han comenzado la mudanza, temerosas de los próximos movimientos del Partido Comunista Chino que dirige el gobierno.

Después de las reformas económicas iniciadas por Deng Xiaoping en 1979, el país creció rápidamente. Se puso énfasis en la fabricación y la imitación, al igual que lo había hecho Japón unos años antes. Las exportaciones aumentaron junto con las importaciones. 

Ahora parece que las políticas de mano dura vuelven dirigidas por Xi Jinping, desde una perspectiva más nacionalista. En la batalla por el dominio mundial entre China y Estados Unidos, la influencia de ambos en América Latina sigue su curso.

Si los países latinoamericanos son lo suficientemente sensatos, podrán sacar partido de esta confrontación geopolítica y comercial. De lo contrario, quedarán neutralizados o siendo víctimas de la manipulación comercial y política de las potencias en disputa.

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