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En mayo de 2020, cuando la pandemia de coronavirus se extendía por el mundo, Rolls-Royce, una de las más importantes fabricantes de motores para aviones, anunció que el golpe para su economía iba a ser grave. Muy grave.

Tanto, que improvisó a un “mega recorte” de su plantilla en alrededor de 9.000 personas con la idea de reducir costos.

El problema era mayúsculo para Rolls-Royce porque su negocio tiene dos pilares: los motores nuevos y el mantenimiento de los ya instalados en aviones comerciales y jet de todo el mundo. 

Sin vuelos y sin presupuestos, las aerolíneas cancelaron las compras de aeronaves y, al mismo tiempo, redujeron al mínimo el mantenimiento de las unidades que están sin uso en hangares alrededor del planeta.

En este escenario de extrema complicación,  Rolls-Royce busca deshacerse de la española ITP Aero con la idea de sumar efectivo a sus arcas y hacer frente a las necesidades más urgentes. 

De acuerdo con The Telegraf, el fabricante de motores de aviones y automóviles de lujo ya ha mantenido varias reuniones con distintos fondos de capital con la idea de abandonar su inversión en el constructor español de piezas del Eurofighter.

En la lista habría numerosos interesados, entre los que figuran KKR, Blackstone y Carlyle.

Rolls-Royce, con sede en Derby (UK), está luchando sin descanso para recaudar la mayor cantidad de efectivo posible ya que el Covid-19 literalmente destruyó sus finanzas.

Basta decir que sus acciones cayeron un 70 por ciento respecto de un año atrás.

El modelo de negocio de Rolls-Royce está sufriendo más que ninguno porque vende motores a bajo precio, incluso por debajo del costo, pero recupera la inversión en función de cuántas millas vuelan. 

Así, la pandemia –obviamente– la ha golpeado de muerte.

El CEO de Rolls-Royce, Warren East, había dicho cuando se inició la crisis sanitaria que una de las alternativas, luego de reducir el costo en personal, era la de recaudar fondos con ventas.

Para eso, ha contratado a asesores de Lazard y Goldman Sachs con la idea de desprenderse de la su división española que fabrica las palas de las turbina de los motores. 

No es la primera vez que la compañía británica busca vender a ITP Aero. En 2019 ya lo intentó: mantuvo negociaciones exclusivas con Indra, pero no fueron fructíferas y la operación se frustró.

En ese momento, ITP Aero fue valorada en 1.500 millones de euros, un monto que difícilmente logre obtener ahora, con la urgencia de la pandemia.

East dijo a comienzos de julio que la compañía que lidera y que cotiza en el FTSE 100 no ha descartado tampoco recaudar dinero vendiendo acciones y que se está preparando para recurrir a los inversores por hasta 2.100 millones de euros.

Rolls-Royce

Moody’s rebaja la nota de Rolls-Royce

Con estas noticias dando vueltas por el mundo de los negocios, la agencia de calificación Moody’s rebajó el valor de los bonos a largo plazo de Rolls-Royce a la categoría de “basura”, diciendo que el mercado de la aviación atendido por la empresa británica se ha debilitado demasiado y que “podría caer aún más”.

Moody’s redujo las calificaciones de los bonos en dos niveles: a Ba2 desde Baa3, lo que significa que ahora se consideran casi inservibles. También le dio a la compañía en general una calificación de Ba2 y con perspectiva negativa.

Después del informe de Moody’s, las acciones de Rolls-Royce volvieron a caer, en este caso un 5,7 por ciento.

Según la calificadora de riesgo, la recuperación de Rolls-Royce depende exclusivamente del regreso de los vuelos de larga distancia, algo que parece muy improbable en el actual escenario de la pandemia.

Pero Rolls-Royce no es la única empresa relacionada con la fabricación de impulsores aéreos que está en problemas. 

La Covid-19 hunde los resultados de grandes multinacionales

Hay otros dos gigantes que no la están pasando bien: Airbus y Boeing.

Ambas compañías ya anunciaron que también apelarán a recortes en sus plantillas de cara a una crisis que se ha extendido mucho más de lo esperado.

También GE tiene problemas en su división Aviation, lo mismo que Safran. Igual que Rolls-Royce, ambas han advertido la necesidad de hacer reestructuraciones por un mercado aéreo que –se especula– se empequeñecerá en los próximos años.

GE ya dijo que dejará sin trabajo a 10 mil empleados en el sector aeroespacial.

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