El desacreditado presidente peruano Pedro Pablo Kuczynski (PPK) ha emitido un inesperado llamado para que se convoque de nuevo el Consejo Nacional del Trabajo (CNT) para presionar por un aumento del 8 por ciento en la Remuneración Mínima Vital (RMV) o salario mínimo.

Este llamamiento llega cuando las posibilidades de que Kuczynski termine su mandato parecen estar disminuyendo, mientras que su índice de aprobación ha caído al 19 por ciento.

La Comisión Técnica de Productividad y Salario Mínimo de la CNT ya inició una evaluación de las condiciones económicas del país y emitirá sus conclusiones el 6 de marzo.

Se estima que un aumento del salario mínimo afectará sólo al 2,8 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA).

El salario promedio mensual de los trabajadores del sector informal (la mayoría) es de 976 soles (300 dólares) al mes, es decir, 126 soles o 14.8 por ciento por encima del salario mínimo actual (RMV) de 850 soles al mes ($262).

Los trabajadores del sector formal, que es donde se aplicaría un aumento en el RMV, ganan en promedio 2.415 soles mensuales ($743), 2,84 veces más que el RMV.

Las luchas actuales de los trabajadores del sector formal están dirigidas a asegurar aumentos mucho mayores que la miserable cantidad propuesta por PPK para aquellos que se ganan la vida con el salario mínimo. Los trabajadores de la salud, por ejemplo, están exigiendo un aumento salarial del 26 por ciento.

Sin embargo, plantear el tema de los salarios tiene consecuencias políticas que van más allá del simple 2.8 por ciento. El debate público en torno a la decisión del presidente de tocar un tema tan delicado como el de los salarios ha llevado a una serie de declaraciones que arrojan luz sobre las enormes contradicciones que afligen a la economía peruana, en general, y a su fuerza laboral, en particular.

La extrema derecha ha expresado su preocupación por el hecho de que el llamamiento de PPK a elevar la RMV sea irresponsable.

Hablando en nombre de los capitalistas peruanos más ricos, Roque Benavides, presidente de la Confederación Nacional de Empresas Privadas (Confied) y propietario de Mina Buenaventura, que en la década de 1980 fue una de las mayores minas de oro del mundo, conocida por su desprecio a los derechos laborales y por contaminar el ecosistema de Cajamarca, dijo a los medios de comunicación peruanos que la medida crearía desempleo y estimularía el crecimiento del sector informal.

El mensaje de la clase capitalista peruana es claro: cualquier intento de aumentar el salario mínimo será tomado como pretexto para despedir a los trabajadores e imponer aumentos de productividad a los que se queden.

El salario mínimo de Perú ocupa el octavo lugar en la región, con Argentina, Uruguay y Chile a la cabeza.

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