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Cuando todo se rompe al mismo tiempo la solución no es mágica. Los libros dicen que hay que comenzar a solucionar una cosa a la vez, de lo más fácil a lo más complicado.

Algo de esto parece estar pensando Donald Trump, el presidente de los Estados Unidos, que decidió empezar por resolver el conflicto desatado entre Rusia y Arabia Saudita por el precio del barril de petróleo.

El otro gran tema que hace tambalear la economía mundial, la pandemia de coronavirus, no se resuelve con un llamado telefónico ni con promesas políticas y tiene muy preocupada a la principal potencia del planeta.

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Según publican este jueves distintos medios económico-financieros de los Estados Unidos, Trump está mediando entre Vladimir Putin y el reino saudita, país líder de la Organización de Países Productores de Petróleo (Opep) para que lleguen a un pacto respecto del volumen de crudo que producirán de ahora en más con la idea de estabilizar el precio del barril.

El crudo cayó a la mitad del valor en dos meses, poniendo en jaque toda la industria. Muy especialmente a las compañías estadounidenses que invirtieron fortunas en los últimos años en el desarrollo de pozos de shale oil, el petróleo no convencional que no es rentable con el precio por debajo de los 50 dólares.

A fines de marzo, el West Texas Intermediate (WTI) tocó un piso de 20 dólares por barril y los contratos a futuro del Brent que se comercializan en la bolsa de Londres llegaron a mínimos de 25 dólares. Valores no registrados desde los tiempos de la Guerra del Golfo, en 1991.

Trump, Putin y el principe Mohammed bin Salman

Fue el propio Trump el que dijo este miércoles por la noche que había hablado “en los últimos días” con los líderes de Rusia y Arabia Saudita y que era “posible” un acuerdo para poner fin a la guerra de precios. El magnate mencionó un pacto que se haría en “pocos días”.

Arabia Saudita había impulsado a comienzos de marzo un acuerdo con el resto de los países de la Opep para ajustar fuertemente la producción mundial con la idea de “ahogar” la oferta ante la mínima demanda por la crisis del coronavirus.

Sin embargo, Rusia, que no es parte de la Opep y que es el tercer país productor del mundo, se negó.

Esto llevó al príncipe Mohammed bin Salman, líder de Arabia Saudita, a seguir otra estrategia: inundar el mercado con todo el crudo que pudiera producir para provocar un derrumbe inédito en los precios.

Ante la última novedad de la intervención de Trump, el Brent, barril de referencia internacional, subió un 10 por ciento, hasta los 27 dólares este jueves. El estadounidense WTI también avanzó.

La industria petrolera mundial enfrenta el mayor desafío de su historia
Saudi Aramco, la petrolera estatal saudita que decidió multiplicar su producción cuando cae la demanda.

Hay dos teorías que dividen a los analistas respecto de las posibilidades que tiene Estados Unidos de frenar la guerra de precios entre Arabia (con la gigante Saudi Aramco por detrás) y Rusia.

Un grupo, el optimista, sostiene que las diferencias entre ambos países fue sólo una puesta en escena, una demostración de fuerzas con la idea de medir sus “músculos” y sus capacidades de reacción ante situaciones incómodas.

Los escépticos, por el contrario, entienden que no será precisamente Estados Unidos, el gran perjudicado en esta pelea, quien podrá mediar entre sus dos grandes rivales en el mercado y que están viendo que en este contexto de caos pueden consolidar su posición.

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