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Hasta hace sólo unos meses, si algo estaba claro era que los automóviles propulsados a combustión interna iban camino a su desaparición.

No iba a ser en el corto plazo, ni en el mediano, pero el destino era, inexorablemente, su descanso eterno luego de más de 100 años de éxitos.

Sin embargo, el “cisne negro” que supone la pandemia del coronavirus y su imparable impacto en la economía, sumado al derrumbe del precio del petróleo, son dos factores que están generando un giro de 180 grados en aquella reflexión.

Basta mirar alrededor, en casi cualquier país en el que se habite, para ver que todo ha cambiado en el comercio y la industria y lo que parecía blanco y claro ahora es negro y muy incierto.

Por ejemplo, los tres grandes fabricantes de automóviles con sede en Detroit (Ford, GM y Chrysler), que estaban desarrollando costosos programas de inversión en e-cars, ahora sólo están fabricando respiradores artificiales para apoyar la producción de un insumo médico que es vital para sostener con vida a los pacientes graves afectados por coronavirus.

Lo mismo hace Tesla, la pionera de los autos eléctricos fundada por Elon Musk.

Casi no hay plantas en el mundo que estén manufacturando por estos días automóviles eléctricos e híbridos, ya que casi todas están cerradas para apoyar la estrategia del distanciamiento social.

Además, para cuando recomience la producción (nadie tiene muy en claro cuándo ocurrirá), la demanda de estos automóviles, en general más costosos, no volverá fácilmente a valores previos ya que los potenciales clientes estarán mucho más preocupados por ponerse al día con los pagos atrasados. Probablemente ni siquiera tengan trabajo.

Autos eléctricos

Algo similar les espera a los desarrollos de automóviles autónomos (o sin conductor), hoy en stand by por la misma causa. Estos vehículos, para peor, no tienen el estímulo del medioambiente del que sí gozan los eléctricos.

Y un dato más: el precio del crudo.

Con el petróleo a la mitad de precio que hace sólo 60 días, y el mercado presionando para que el valor del combustible caiga, va a ser complicado convencer a los consumidores para que se inclinen por vehículos menos contaminantes.

Se trata de una verdadera “tormenta perfecta” para un sector que ya estaba golpeado por la incertidumbre. Los cambios en las tendencias de consumo (justamente hacia los e-cars) estaba empujando a las grandes fabricantes a grandes alianzas, como la que forjaron Volkswagen y Ford; o a fusiones, como la que están a punto de firmar PSA (Peugeot, Citroën, Opel) con Fiat Chrysler Automobiles (FCA).

Es difícil saber hoy qué camino tomarán las marcas, pero está claro que la mayor parte de los recursos se destinarán, como siempre en tiempos de crisis, al camino seguro. Y esa vía sigue siendo hoy la de los motores que tantas satisfacciones le dieron a la industria desde que en 1885 Carl Benz hizo funcionar un automóvil de tres ruedas con un motor a combustión interna.

Una prueba de la realidad de los coches eléctricos en tiempos de Covid-19 es el precio de las acciones de Tesla. Desde que comenzó la crisis hasta este miércoles 1 de abril cayeron a la mitad, desde los 900 dólares a menos de 450.

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