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Tal día como como hoy en el año 1808 y en plena Guerra de la Independencia, las tropas españolas sufrieron una derrota a manos del ejército napoleónico. O quizás sería más apropiado decir a manos de la caballería polaca que fue indispensable para la victoria de los franceses en aquella batalla.

Napoleón había decidido dirigir personalmente la guerra contra los españoles tras la derrota que sufrieron sus tropas en Bailén, el 19 de julio de 1808. Esta fue la primera gran batalla de la Guerra de la Independencia. 

Para Napoleón, la primera consecuencia de esta derrota fue la deshonra de sus, hasta entonces, invictos generales, por haber sido derrotados por primera vez en Europa.  Además, había perdido más de 17.000 hombres que cayeron prisioneros de las tropas españolas. Por añadidura Napoleón tuvo una pérdida de otros 2.500, aproximadamente, entre muertos y heridos.

La segunda consecuencia fue el avance del ejército victorioso del general Francisco Javier Castaños hacia Madrid desde Bailén. Una vez victorioso, Castaños se propuso recuperar la capital del Reino que estaba ocupado por los soldados de Napoleón desde el 2 de mayo anterior.    

La tercera consecuencia fue la huida de José I, el hermano de Napoleón. Este, ante el avance del ejército de Castaños, se había retirado ante el temor de caer prisionero    

Por todo ello, Napoleón quiso darle la vuelta a este inicio de la guerra a la brevedad posible. Especialmente cuando los resultados apuntaban a un final favorable a las tropas españolas. Así pues que Napoleón se puso al frente de 35.000 hombres y comenzó su avance desde desde Burgos hacia Madrid.

Las tropas españolas se preparan para enfrentar a las francesas

En teoría, las tropas españolas tenían en la defensa de Madrid, una labor muy fácil ante ataques desde el norte. Viniendo por la dirección de Burgos, el puerto de Somosierra ofrecía una fuerte pendiente en su vertiente norte. Asimismo, el camino de acceso iba, en parte de su recorrido, encajonado como en un desfiladero. De manera tal que las condiciones geográficas jugaban en favor de los españoles. 

Así pues, el general Benito San Juan, con unos 8.300 españoles y 16 cañones, dispuso sus tropas en la vertiente norte del puerto en cuatro líneas sucesivas. Dichas líneas sucesivas se extendían desde la parte inferior del puerto hasta la parte más alta. La confianza en esta disposición de tropas hizo que en su parte del 20 de noviembre el general así lo confirmara.

En ese mismo parte, San Juan informaba que tenía a la artillería bien situada. Para mayor seguridad, informaba que tenía adelantados trescientos caballos en Sepúlveda. Como refuerzo contaba con quinientos guardias walonas y ochenta tiradores para hostigar la retaguardia del enemigo.

La primera línea de defensa de las tropas españolas estaba compuesta por soldados de infantería y una línea de cañones que dominaba la salida del desfiladero. Esta era una zona estrecha donde los franceses tenían pocas posibilidades de maniobrar. Principalmente porque debían pasar por el puente sobre el río Duratón que, además, estaba parcialmente derruido. 

Finalmente, detrás de la primera línea española, y cada vez más atrás y arriba, había más líneas de infantería y tres pares de cañones puestos a diferentes alturas. La última línea de la defensa de las tropas españolas estaba en lo alto del puerto, junto a la Ermita de la Soledad.

Se desatan las acciones

Durante la noche del 29 al 30 de noviembre los artilleros españoles adelantaron algunos cañones y dispararon hacia los campamentos franceses para hostigarlos. Buscaban también con esta acción impedir que descansaran. Ambos bandos sabían de la importancia de la batalla que se libraría al día siguiente. Especialmente porque, después del puerto, no había más obstáculos en el recorrido hacia Madrid.

Amaneció el día 30 con una espesa niebla. De madrugada, los soldados de la vanguardia francesa empezaron a avanzar. En su camino se encontraron, abandonado, un cañón español que, tras el cañoneo de la noche, se había quedado atascado. 

Los exploradores de ambos bandos, españoles y franceses, en un momento dado se localizaron y empezaron a dispararse con sus fusiles. Cuando el grueso de los soldados franceses logró llegar al puente, los cañones españoles dispararon sobre ellos. Este intenso cañoneo causó importantes bajas a los regimientos 96º y 24º de Línea y el 9º Ligero.

Napoleón es testigo del rechazo del rechazo de las tropas españolas a tres ataques franceses

Acostumbrado a ganar las batallas muy rápidamente, Napoleón se impacientó por este frenazo. Así pues, ordenó adelantar su artillería para que destruyera los cañones españoles, pero fueron éstos los que la destruyeron con sus disparos. Este segundo fracaso se sumó al de la infantería. La defensa de las tropas españolas se mantenía firme hasta ese momento.

A continuación, Napoleón mandó a sus exploradores a reconocer otras zonas de terreno para ver si podía lanzar un ataque de caballería. Los españoles cerraban bien el paso, así que los exploradores le informaron “Imposible, Sire” y Napoleón replicó “Yo no conozco esa palabra”. Sin importarle la situación desfavorable, ordenó el ataque de medio escuadrón de Caballos Ligeros de la Guardia Imperial. Este era su regimiento preferido el cual fue desbaratado los cañonazos de los españoles.

Este punto, la irritación de Napoleón iba en aumento. No podía asimilar que las tropas españolas de la primera línea habían frenado sucesivamente a su infantería. Para hacer más frustrante la situación, habían logrado silenciar la artillería y anulado a los jinetes de su Guardia Imperial.

Una curiosa petición con un Napoleón irritado 

En pleno desconcierto tras el fracaso de tres ataques, el coronel Wincenty Krasinski, jefe del regimiento de Caballos Ligeros Polacos se acercó a Napoleón. En una corta conversación le pidió permiso para que su regimiento, de unos 700 jinetes, atacara. Napoleón autorizó la acción. 

El coronel polaco aunque, había ofrecido su regimiento, no se puso al frente. En su lugar, mandó a sus 700 hombres que atacaran a la primera línea española. Estos se lanzaron a la carga y se enfrenta a una descarga general que mata una docena de hombres. Tras el escuadrón de vanguardia cabalga el teniente Andrzej Niegolewski. Este, en compañía de sus hombres recibe el fuego de los cañones españoles y en un momento derriban a 53 jinetes.

El combate se volvió confuso luego de esta primera descarga aunque los disparos no consiguieron frenar por completo a los polacos. El teniente Niegolewski junto con un capitán organizaron un grupo de jinetes y cargaron nuevamente. Rebasaron la primera línea española y prosiguieron cabalgada hacia lo alto del puerto soportando los disparos.

A esta alturas, ya quedaban menos jinetes a causa de los disparos de la segunda y tercera línea, españolas.No obstante, unos pocos seguían cabalgando hacia arriba. En un momento dado el teniente Niegolewski, viéndose casi solo, preguntó al sargento Soboloski: “¿Dónde están los demás?”. La respuesta que obtuvo fue “Han muerto”. Niegolewski entonces reaccionó organizando a algunos de sus jinetes y cargando de nuevo hasta la cuarta batería española.

“Joven, el emperador ha visto su hazaña”

Niegolewski  en su ataque pudo superar el último asentamiento artillero español  y llegar al del puerto. En la acción quedó herido el general San Juan y Niegolewski fue derribado de su caballo por un disparo. En su caída quedó atrapado debajo de su montura donde unos soldados españoles le rodearon, le robaron y trataron de remataron. 

En sus memorias Niegolewski  comenta que le dieron 7 bayonetazos y dos disparos a la cabeza. En esa angustiosa situación, pudo oír “¡Arriba, arriba, vámonos!” que proferían los españoles en su retirada. Llegó, al poco, un ayudante de Napoleón y dijo a Niegolewski : “Joven, el emperador ha visto su hazaña y le concede la Legión de Honor”. Esta era, la máxima condecoración francesa.

La caballería más valiente del mundo

El día siguiente, luego de esta brillante victoria, Napoleón mandó formar a los restos del Regimiento de Caballos Ligeros Polacos. Allí y delante de ellos, se descubrió y les dijo: “Os reconozco como la caballería más valiente del mundo. Acto seguido dió la orden para que fueran incorporados a su guardia personal. Luego, sin perder un instante, mandó seguir el avance para Madrid.

Con esta brillante actuación en la batalla de Somosierra, la historia militar polaca y la de la caballería en general, adquirió uno de sus hitos más brillantes. El recuerdo de esta acción vivamente hasta hoy. ¡¡Gloria a los valientes!!.

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