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En los Estados Unidos se han detectado más de 650 mil casos positivos de coronavirus y, sólo en Nueva York, ya hay más de 11.400 fallecidos.

Sin embargo, el presidente Donald Trump está seguro de que puede dar por terminado el confinamiento que se está llevado a cabo en la mayoría de los estados y en las grandes ciudades.

En una conferencia de prensa de este jueves, el primer mandatario estadounidense presentó una serie de nuevas directivas federales que establecen las condiciones para que se comiencen a relajar las medidas de distanciamiento social impuestas para combatir la propagación de la pandemia.

El plan –llamado Opening Up America Again– identifica cuáles son las áreas del país en las que se permitirá que los empleados comiencen a volver a trabajar. El documento completo.

En rigor, se trata de pautas generales dictadas por el gobierno federal. La decisión final, sin embargo, estará en manos de los gobernadores de cada estado.

Trump habló de “una economía que funcione”, y que lo haga “muy rápido”. “Estados Unidos quiere volver a estar abierto. Somos la economía más grande en la historia del mundo y la cerramos para ganar esta guerra; y la estamos ganando”, agregó.

Coronavirus Estados Unidos

El plan de Donald Trump

El plan establece tres “fases” que guían hacia una distensión de las restricciones para empresas e individuos.

Antes de ingresar a la primera fase, las directrices de Trump, elaboradas en base a la consulta con expertos, dicen que las pruebas positivas de Covid-19 en un estado o una región deben tener una tendencia a la baja.

En la primera fase, todas las personas vulnerables deberán seguir confinadas en sus hogares y se alienta a todos a mantener las prácticas de distanciamiento social en público. También aconseja a los empleadores que los trabajadores vuelvan a trabajar en diferentes horarios. Seguirán cerradas las áreas comunes y sólo habrá viajes esenciales.

En la segunda fase ingresarán los lugares donde “no haya evidencia de un rebote” y en la tercera, recién volverían a permitirse los entornos abarrotados de gente. No se habla de tiempos.

Desde un comienzo, el gobierno federal de los Estados Unidos subestimó la pandemia. Su administración declinó declarar una orden de cuarentena nacional, optando por emitir pautas de distanciamiento social que originalmente iban a expirar a fines de marzo, pero que el avance de los casos obligó a extender.

Trump incluso dijo en marzo que esperaba ver “iglesias llenas de gente” el domingo de Pascuas, un comentario que condenaron los expertos en salud.

La Casa Blanca revisó la primera decisión y extendió las restricciones de salida del aislamiento hasta fines de abril.

La apuesta de Trump es fuerte. La economía del país está padeciendo el cierre y la intención del líder republicano es jugar a “todo o nada” frente al virus.

En los Estados Unidos se espera un aumento del desempleo.

Los números que asustan al magnate dicen que los estadounidenses presentaron 5,2 millones de solicitudes de desempleo la semana pasada, lo que elevó el total a más de 22 millones en un mes, publicó Político. Es un valor que está fuera de control.

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