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El Banco Central Europeo deberá tomar en cualquier momento la decisión de retirar el estímulo que ha venido sosteniendo la actividad en la zona euro. Será una decisión crucial sin duda con hondas repercusiones para España.

Cualquiera sea la decisión que tome el organismo paneuropeo, medirá que tanto aprendió la lección de no actuar precipitadamente como ocurrió hace 10 años atrás. El problema es cómo lograr retirar la ayuda financiera sin dar al traste con la recuperación lograda hasta ahora.

Los 25 miembros del Consejo de Gobierno del BCE, integrado por seis miembros del Comité Directivo del banco más los 19 gobernadores de los bancos centrales de los países miembros de la unión monetaria, tienen la difícil tarea de decidir cómo y cuándo comenzarán a retirar los estímulos.

Esto supone desmontar el Programa de Compras de Emergencia para la Pandemia (PEPP en inglés), implementado en marzo del año pasado con un monto inicial de 750.000 millones de euros, el cual fue aumentando hasta 1,85 billones. Este es, por mucho, el mayor alivio financiero entregado a los países de la eurozona en toda la historia.

Retiro del estímulo de forma gradual y sin errores

Para España, que ha sido el país más castigado económicamente por la pandemia de coronavirus, la decisión del BCE marcará su recuperación al menos en los próximos dos años. Ya lo ha dicho el director de Economía y Estadística del Banco de España, Óscar Arce.

El retiro de los estímulos podría tomar a España menos equipada que los demás países de la zona euro. El funcionario confía en que este proceso se cumpla de forma gradual, “pensando de forma global y sin cometer grandes errores”.

Hace una década el BCE, dirigido entonces por el también francés Jean-Claude Trichet, cometió el peor de sus errores. Al final de su período de gestión tomó la desacertada decisión de subir los tipos de interés, creyendo que la economía europea estaba preparada y había logrado superar por completo la crisis financiera. ¡Vaya equivocación!

Se generó una segunda recesión de inmediato en forma de W. Por eso el BCE ahora actúa con tanta prudencia. La presidente del organismo financiero Christine Lagarde no está dispuesta a correr riesgos, al igual que los gobernadores de los bancos centrales de Europa y del mundo. La lección evidentemente fue aprendida.

Para amortiguar y superar la crisis se ha apelado a todos los instrumentos de política monetaria a la mano. Desde los programas de compras de activos, hasta las rondas de rondas de liquidez. Nadie quiere una nueva recesión provocada por una mala decisión ejecutiva y menos la temida deflación que tanto preocupa a Europa.

No más demoras para subir la inflación

Fabio Panetta, gobernador del Banco de Italia.

Uno de los miembros de la Junta Directiva del Banco Central Europeo, Fabio Panetta, es del criterio de que el BCE no debe seguir demorando el objetivo de elevar la inflación. El funcionario considera que las perspectivas actuales no son satisfactorias y mantener esta situación podría causar daños a la economía.

Lo cierto es que durante ocho años el BCE no ha superado su objetivo de inflación. Y las proyecciones de la propia institución indican que esta falla continuará en los siguientes años. En momentos en que todo el bloque económico mantiene su lucha por superar los efectos de la pandemia de origen chino.

Para algunos representantes políticos, el BCE debe conformarse y aceptar que los precios no subirán al ritmo esperado. Opinan que el organismo ya hizo su parte y además el estímulo está llegando a sus límites. Sin embargo, Panetta no está de acuerdo y advierte que los costos podrían superan los beneficios.

En declaraciones para El País el domingo, el representante italiano afirmó que el argumento de que el BCE extienda el plazo para alcanzar el objetivo de inflación “no es convincente”. El funcionario prefiere que se tome ya una decisión, en vista de que “el BCE no ha logrado su objetivo durante demasiados años”.

Sostiene que esperar más tiempo tendrá un costo mayor, porque “haría más difícil volver a anclar las expectativas de inflación”. Además, se correría el riesgo de que el potencial económico se reduzca de forma permanente.

¿Se debe parar la compra de bonos y eliminar el PEPP?

En marzo, el BCE aumentó las compras de deuda, pero prevé que para 2023 la inflación solo aumentará al 1,4%. Para Panetta este nivel de escalada de precios es insatisfactorio. Algunos políticos más optimistas con la campaña de vacunación masiva en Europa, consideran que a partir del tercer trimestre el banco debería frenar la compra de bonos de emergencia.

Pero Panetta, alineado con  Lagarde en cuanto a no desmontar tan pronto los estímulos, advierte que esta crisis debe tratarse de manera prudente. Argumenta que lo más prudente es inyectar estímulos a la economía en lugar de reducirlos.

Según Panetta, los gobiernos europeos deben aumentar en este momento el apoyo fiscal. El representante italiano en el Consejo Directivo del BCE, advierte que la economía de la zona euro probablemente sufrió más daños con el covid-19  de los que se ven aparentemente.

Su país junto con España ha sido uno de los más golpeados por la pandemia y uno de los que más ha defendido el mantenimiento de los estímulos. En cambio otro directivo del BCE, el holandés Klaas Knot, tiene un criterio distinto sobre el manejo de la crisis pandémica.

Knot es más optimista y considera que la inflación aumentará en el segundo semestre del año y habrá más crecimiento económico. Por ello, estima que para el tercer trimestre de 2021 perfectamente podría empezarse a “eliminar gradualmente el PEPP”.

Lo cierto es que, hasta ahora, y en medio de opiniones encontradas, el Consejo de Gobierno del BCE ya adelantó que el programa de compras de bonos se mantendrá hasta marzo del próximo año. El organismo indicó también que los vencimientos serán reinvertidos hasta 2023.

Esto, desde luego, podría cambiar según el desempeño económico de la zona euro en los próximos meses.

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