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La conciencia nacional fluye de la historia y es compartida por un grupo humano. Por otro lado, constituye la expresión de sus afinidades culturales y emocionales. Todos estos rasgos comunes en definitiva, son parte de todos los rasgos que la configuran como raza única y distinta frente a otros grupos.

Por otro lado, la conciencia nacional es un proceso en evolución permanente. Su consolidación a lo largo del tiempo determina su ascenso desde orígenes tribales hasta una sociedad estable. Esta conciencia nace del instinto de supervivencia. Posteriormente se perfecciona al ritmo de los acontecimientos históricos y de las relaciones con otros grupos.

En una primera fase, esta conciencia culmina con la aparición de un estado, definido por la existencia de un poder político común y unas normas de obligado cumplimiento. Así también, se ubica sobre un espacio geográfico propio y una voluntad compartida de defenderlo. Así pues, se genera una fuerza para expresar esa voluntad y para ejercerla en caso necesario.

Pilares básicos de la conciencia nacional

Sentido de propiedad, de identidad común, pertenencia colectiva, voluntad y capacidad de defender el patrimonio de todos, son pilares básicos de la conciencia nacional. En las sociedades muy desarrolladas, el sentimiento identitario ha trascendido. Ha dejado atrás las viejas fronteras de las naciones existentes y se ha extendido a otras. Estas nuevas naciones tiene similitudes políticas, económicas y sociales. Obviamente todas ellas son el fruto de la pertenencia a una civilización común.

Estas similitudes son tan evidentes que la supervivencia y el progreso de esa civilización necesitan del concurso activo de todas ellas. Este el caso de las naciones avanzadas que han adoptado el modelo de integración para sus políticas económicas. De igual modo han adoptado el concepto de seguridad compartida para defender su forma de vida democrática. Este es el caso de nuestra Europa y, por supuesto, de España.

Las sociedades usualmente delegan en sus gobernantes la responsabilidad de tomar decisiones en lo que concierne a su seguridad y defensa. Esto por ningún concepto significa que no exista la conciencia nacional. 

Prueba de lo anteriormente dicho puede ser hallada en la España de 1808. Allí la agresión exterior y la amenaza era lo que los españoles consideraban su modo tradicional de vivir. Esta situación desembocó en una explosión de voluntad nacional de defensa que los agresores no habían previsto. 

La explicación era que la conciencia nacional estaba ahí. En ocasiones, a veces agazapada en un recóndito rincón del alma de cada ciudadano. No obstante, siempre estaba presta a manifestarse a la menor ocasión de peligro. Más importante aún, estaba allí para que se tomaran importantes decisiones individuales. En ocasiones, incluso, para realizar importantes sacrificios, en aras del interés general.

Conciencia de defensa como parte de la conciencia nacional

Evidentemente, sin conciencia nacional no puede existir conciencia de defensa. Esta última no es una responsabilidad de los ciudadanos. Por el contrario, es de quienes les gobiernan. Si bien es cierto que la defensa es cosa de todos, está muy claro quiénes son sus directores y sus gestores. En el caso de España, existen desafíos como nación, en el campo de la defensa, que deben ser afrontados. Estos desafíos son tanto en el plano interno como en el ámbito de la Unión Europea.

Del mismo modo que la crisis económica ha abierto los ojos a los ciudadanos, también lo ha hecho la necesidad de la defensa como garantía de estabilidad y libertad. A tal fin, la gente ha comprendido la necesidad de hacer duros sacrificios para sobreponerse a ambos temas el económico y el de defensa. Concuerdan que hace falta un esfuerzo político de comunicación. Por supuesto, se debe aplicar la pedagogía adecuada, que destierre de una vez viejos prejuicios. 

Se espera que este destierro se facilite con la excelente valoración social que se tienen de nuestras Fuerzas Armadas. Para este grupo armado no es nada ajena la existencia de una conciencia nacional muy arraigada. Esta conciencia puede ser usada como un acicate al progreso tecnológico. En definitiva las Fuerzas Armadas son factor fundamental de la proyección del poder del estado y de la protección de los intereses de la nación en el exterior.

 

Las Fuerzas Armadas y la conciencia de defensa   

Precisamente, uno de esos viejos prejuicios se refiere al debate que aún se mantiene en ciertos ámbitos sobre el ejército profesional versus el servicio militar obligatorio. Hasta hace bien poco, los ejércitos de conscripción eran estrictamente necesarios. Esto debido al hecho de que al otro lado del entonces llamado “telón de acero” había casi seis millones de soldados soviéticos. La magnitud de tal amenaza obligaba a poseer fuerzas capaces de oponerse a un ataque en masa.

Ahora la situación ha cambiado. Defender su patria de amenazas se ha convertido en derecho y deber de los ciudadanos españoles. No obstante, los intereses del estado están más allá de nuestras fronteras, y con ellos los del resto de los países asociados. Bajo estas condiciones, defender al Estado es un trabajo de profesionales, como ya lo fue en tiempos de nuestros invencibles Tercios. 

En el mundo de hoy, sólo tropas bien entrenadas, equipadas y motivadas aseguran la eficacia operativa, la disuasión y, en definitiva, la victoria. Sólo soldados profesionales pueden y deben ser enviados a cualquier lugar del mundo a proteger vidas y aminorar daños de catástrofes provocados o naturales. De igual manera, solo ellos pueden combatir en defensa de nuestra libertad y tranquilidad en escenarios lejanos. 

Sólo a contingentes de soldados profesionales, luego de una meticulosa capacitación, se les puede entregar la gestión y el manejo de sistemas de armas sofisticados y costosos. Solo ellos, en definitiva, aseguran la superioridad militar y la resolución de los combates con el menor costo humano.

La conciencia nacional, la conciencia de defensa y los españoles

Es innegable que la conciencia nacional la tienen que poner los españoles. En este sentido ya se ha dado y se siguen dando sobradas muestras de ello. Sin embargo, la conciencia de defensa debe ser activada y potenciada por los poderes públicos. Estos deben actuar con determinación y sinceridad para que la sociedad asuma que debe apoyar el esfuerzo de defensa.

Por su parte la sociedad debe asumir el apoyo al esfuerzo de defensa en todos los ámbitos, militar, social, diplomático y económico. De similar modo, la sociedad debe reconocer la existencia de unas Fuerzas Armadas profesionales modernas, ágiles y adecuadas. Solo así se puede garantizar nuestro futuro en paz y en libertad. Así como también, proteger nuestros intereses y asegurar el papel que nos corresponde en la comunidad internacional.

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