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Tras meses de idas y venidas entre Estados Unidos y la China en relación a la guerra comercial de las dos potencias mundiales, ayer los ejecutivos de los dos países iniciaron un nuevo episodio al mostrar una voluntad conjunta de acercamiento político. Al menos así lo comunicaron los servicios de comunicación de los gobiernos de China y Estados Unidos tras afirmar su compromiso de reactivar el acuerdo comercial firmado en el mes de enero. Un acuerdo comercial denominado de “primera fase” que saltó por los aires con la llegada de la pandemia provocada por la Covid-19 y que, ocho meses después, parece volver a activarse.

Y la activación se produjo después de que, según el Ministerio de Comercio Chino, el vice-primer ministro oriental, Liu He mantuviera “conversaciones constructivas” con el representante del Comercio Exterior de Estados Unidos, Robert Lighthizer. Según el comunicado emitido por el Ministerio chino, Liu He también realizó un encuentro telemático con el secretario del Tesoro norteamericano, Steven Mnuchin.

De esta forma, los frutos el encuentro entre los representantes del gobierno de la China y de EE.UU se tradujo en el acuerdo de “fortalecer la coordinación de políticas macroeconómicas”. Y a pesar de la falta de ningún acuerdo nuevo concreto referente a la política comercial de China y EE.UU, los representantes sí se comprometieron a “las condiciones y la atmosfera necesarias para seguir impulsando la puesta en marcha del acuerdo comercial de primera fase”.  Por otro lado, los gobiernos de EE.UU y China también se comprometieron a mantener al menos dos reuniones al año para supervisar los avances en el acuerdo comercial y confirmar el cumplimiento por ambas partes.

El principio de acuerdo de tregua comercial entre EE.UU y China se produce en un contexto inesperado, después de que Donald Trump anunciara el aplazamiento del encuentro entre los dos ejecutivos.

Fase 1 del acuerdo comercial: reducción de aranceles y compromisos de compra

La fase 1 del acuerdo comercial entre EE.UU y China, que ayer los dos ejecutivos se comprometieron a retomar, se firmó a principios del mes de enero de 2020, tras dos años de vetos constantes en el comercio internacional. El acuerdo fue cualificado entonces como “el trato más grande que existe en cualquier parte del mundo”, según el presidente de EE.UU, Donald Trump. También desde el ejecutivo chino consideraban el acuerdo como “bueno para China, para EE.UU y para el mundo entero”.

Se trataba del primer acercamiento comercial entre las dos potencias desde que Trump llegaba a la Casa Blanca en diciembre de 2016. Y, a pesar de que se podía considerar un acuerdo de mínimos, presentaba compromisos substanciales en la política comercial. El acuerdo obligaba a Estados Unidos a reducir los aranceles adicionales a los productos chinos por un valor de hasta 120.000 millones de dólares. Por otro lado, China se comprometía a comprar productos manufactureros, energéticos y servicios a EE.UU. El acuerdo establecía un intercambio comercial entre las dos potencias de cerca de 200.000 millones de dólares durante el 2020.

El acuerdo se denominaba fase 1 porque se mantenían todavía restricciones comerciales. De esta forma, EE.UU mantenía intactos los aranceles del 25% a las importaciones chinas. Pero la llegada de la pandemia ha hecho frenar por completo los compromisos. Según Reuters, se calcula que la China se encuentra muy lejos de adquirir los productos estadounidenses a los que se comprometió. De hecho, el acuerdo se produce en un contexto en el que China se muestra a favor de aumentar el proteccionismo y fiar el crecimiento económico a la demanda interna. Por otro lado, Trump no reduce su tono agresivo a pocos meses de las elecciones presidenciales.

Estados Unidos vive su peor crisis desde la gran depresión

El acuerdo comercial entre EE.UU y China se produce en un momento difícil para la economía estadounidense. Según datos publicados por el Departamento de Comercio del ejecutivo de EE.UU el PIB estadounidense cayó un 9,5% en el segundo trimestre del año. Una caída que se suma a la del primer trimestre, logrando una caída interanual del 32,9% del PIB. En tan solo medio año, la economía de Estados Unidos ha perdido cerca de un tercio de su valor. A los datos macroeconómicos se le debe sumar una cifra de desempleo jamás vista en Estados Unidos. En el mes de mayo, EE.UU llegó a registrar una tasa de paro del 14,7%, una cifra que no se veía desde la Gran Depresión de 1929.

La cifra se traduce en la pérdida de más de 20 millones de empleos en el mes de abril. Y si bien es cierto que el mercado laboral de EE.UU se ha ido recuperando en los meses de junio y julio, la tasa de paro es todavía preocupante. Según datos del ejecutivo en el mes de junio, la tasa de desempleo se situaba en el 11,1%, al lograr generar nuevos empleos durante el quinto y sexto mes del año.  Sin embargo, el impacto de la Covid-19 sigue siendo abismal si se compara con los datos de desempleo que se registraban antes de la pandemia. En ese momento, el paro marcaba mínimos históricos en EE.UU de cerca del 3%. Y otra cifra que preocupa a Donald Trump es el número de parados de larga duración, que incorpora 250.000 ciudadanos más. Trump es consciente del impacto que puede tener el empleo en la campaña electoral de otoño y trata de dinamizar la economía lo más rápido posible.

Menos impuestos y recuperar el empleo: la receta de Trump para lograr la reelección

Y ante el escenario incierto que se pronostica para los comicios presidenciales de otoño, Trump se aprisa a la creación de empleo como bandera de su campaña electoral. Y para hacerlo, el presidente pretende intensificar todavía más la reforma fiscal realizada durante su mandato. De esta forma Trump ya ha anunciado que se extenderá la reforma fiscal sobre rentas individuales contemplada en la Ley de Empleos y Reducción de Impuestos. De esta forma, la reforma fiscal aporta grandes deducciones a empresas y, en menor medida, a los trabajadores. Trump es consciente que la reforma fiscal aboga a la economía estadounidense a un incremento del endeudamiento. Sin embargo, Trump parece más preocupado por la tasa de paro y la caída del PIB para finales de año, tras conseguir generar empleos durante sus tres primeros años.

Pero la otra cara de la moneda de la reforma fiscal de Trump se traduce en una práctica amnistía fiscal para grandes multinacionales. Así, durante 2018 grandes corporaciones estadounidenses como Amazon, Starbucks o Chevron no pagaron ni un dólar en impuestos a las arcas públicas.

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