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A principios de los noventa, Fukuyama propone el fin de la historia. Treinta años después,  todo parece indicar más bien el fin del imperio más poderoso en la historia del planeta tierra.

Son muchos los elementos que coadyuvan a la recomposición del poder y la geopolítica mundial. En el ambiente se siente que el fin está cerca y, la inflación, esa especie de iceberg que no termina de mostrarse por completo es, por consenso general, la que dará la estocada a la preponderancia del dólar.

¿Inflación o deflación?

Algunos dicen que la oferta de dinero está creciendo demasiado rápido y esto puede disparar la inflación. Pero por otro lado, están los que argumentan que es la deflación lo que nos debería preocupar.

Los que se preocupan por la inflación señalan el radical incremento en el balance de los bancos centrales alrededor del mundo, con la Fed a la cabeza.

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La imagen muestra el total de activos en el balance del banco central de EEUU, en drástico aumento desde el segundo trimestre de 2020.

Los que se preocupan por la deflación se centran en el hecho de que habrá más dólares pero una demanda reducida. No hay crecimiento de los salarios y, lo que es más, la Fed ha tenido problemas en los últimos 10 años para lograr su meta de inflación del 2%.

Para hacer el panorama aún más confuso, algunos expertos opinan que pueden ser ambas. Para LSE, el confinamiento alberga una combinación de shocks tanto para la demanda como para la oferta y, por lo tanto, cualquier cosa es posible.

La inflación no termina de aparecer

Las presiones inflacionarias pueden aparecer como consecuencia de los costes originados por la interrupción en las cadenas de producción y el impacto que las restricciones del distanciamiento social provocan en la oferta de mano de obra que se ha visto afectada por el cierre de algunos sectores de la economía. El gran “lockdown” puede y va a crear cambios en los patrones de demanda que pueden afectar el equilibrio de la inflación.

Según un editorial de Morningstar “los inversores han desdeñado la inflación al evidenciar la falta de reacción a los recientes estímulos de los gobiernos federales”. El rescate de $800 billones del 2009 generó un malestar general sobre el aumento de la deuda federal. Sin embargo, los $2 trillones del “Cares Act” de este año, más la “amenaza” de un estímulo adicional que todavía negocian demócratas y republicanos, apenas han tenido quejas.

Según un editorial del Financial Times la economía está muy débil para que regrese la inflación. Al mismo tiempo, los que piensan lo contrario, como David Kelly, Chief Global Strategist de JP Morgan, dicen que los inversores deberían “tomar en serio la inflación” y añade “si las tasas de interés se mantienen muy bajas, se puede financiar el aumento de la deuda, pero si la inflación comienza a subir junto con las tasas de interés de largo plazo, el efecto resultante será una presión real en el presupuesto federal”.

Lo que sí se evidencia es que la tasa de ahorros se ha incrementado significativamente durante la pandemia porque la gente no está saliendo a gastar sus dólares, son más cautelosos porque hay mucha incertidumbre de cara al futuro. Pero si la situación se normaliza, todo ese dinero puede regresar a la economía y la inflación se puede disparar.

La solución: ¿Devaluar?

Según otro editorial de Morningstar, existe la posibilidad de que los gobiernos decidan emitir más deuda, cosa que no hicieron en la crisis financiera de 2009. Sin embargo, en ese momento, los niveles de deuda eran menores. Por ejemplo, en 2010 USA tenía un índice deuda/PIB de 54 y ahora tiene 101, sin embargo, se han visto índices deuda/PIB de hasta 137.

Esta es la razón por la cual muchos creen que al final se deberá hacer una de dos cosas: 1. aumentar los impuestos y reducir el gasto fiscal, ó 2. devaluar la moneda de manera que la deuda valga menos. El Financial Times enfatiza que si los bancos centrales se rinden a los designios de los gobiernos los precios finalmente subirán. Pero subir las tasas de interés sería impopular en términos políticos, sobre todo con las elecciones de noviembre a la vuelta de la esquina. Por lo tanto, las tasas de interés muy probablemente serán mantenidas “muy bajas por mucho tiempo”.

La inflación se está midiendo mal

Un nuevo estudio de Harvard indica que en el medidor oficial de IPC, los comestibles reciben un peso de menos de 8 por ciento, mientras que el transporte obtiene alrededor del 15 por ciento. Esos números no reflejan la realidad del patrón de consumo durante la pandemia. Según el mismo estudio, si nos basamos en las transacciones de consumo de tarjetas de débito y crédito, sería más apropiado utilizar 11 por ciento para los alimentos y 6% para el transporte.

Pero no sólo Harvard se anima a descalificar la medición del índice de precios al consumidor. Otro estudio de LSE, de Xavier Jaravel y Martin O’Connell, también señala las fallas en la medición del IPC. En todo caso, el mejor “medidor” de los precios es el bolsillo de la gente y lo que se lee en los medios, sobre todo en las redes sociales, es que la inflación ya llegó.

“La mano fuerte” se mueve hacia el oro, la plata, y el Bitcoin

Quizás lo más notable sea el gran movimiento de Warren Buffett hacia el oro, del cual, históricamente, no ha sido un adepto. Recientemente compró acciones de Barrick demostrando al menos ser consistente con uno de sus principios: comprar empresas que generan dividendos.

No obstante, Buffett no es el único que invierte en oro. Las entradas netas globales a ETF´s de oro fueron de casi $40 mil millones en la primera mitad del año 2020, alcanzando los niveles más altos en décadas.

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La plata también ha experimentado un gran repunte, las tenencias globales subieron en la primera mitad del año y los ETF´s de plata superaron todos los récords de años anteriores.

Por último, pero  no menos importante, Bitcoin, que cada día se asemeja más a una fuerza de la naturaleza que a la moneda de culto que ha sido hasta hace poco, preferida sólo por conocedores y tecnócratas. La inversión en Bitcoin es vista como una alternativa fiable a tener en cuenta en los portafolios como cobertura contra la inflación. El famoso Paul Tudor Jones se mudó al espacio hace un par de meses hablando de “la gran inflación monetaria por venir”.

Jackson Hole: el discurso de Jerome Powell y el fin de una era

La propuesta de Jerome Powell durante la videoconferencia fue decepcionante por lo carente de ideas y sobre todo porque sigue olvidando a los que menos tienen. Parece que la Fed cree que la inflación no es un problema y que sólo deben resolver el tema del desempleo con la ayuda del Tesoro y del congreso.

La soterrada obsesión de la Fed por el “trickle down economics” ya no funciona, está desfasada. Los tiempos que vivimos, de cambios globales, en los que nos adentramos a un mundo multipolar, requieren de una Fed con propuestas frescas y porqué no, arriesgadas, que no sólo inviten a tranquilizar a los mercados sino al logro de una sociedad con mayor equidad.

Para Powell el gran problema es la falta de inflación lo cual es una falacia como lo demuestra la evidencia de los aumentos de los precios y los estudios, antes mencionados, de Harvard y LSE.

Bitcoin como alternativa a la vetusta FED

La reacción de la Fed en Jackson Hole evidencia que se necesita una alternativa no inflacionaria que podría, porqué no, estar representada por el Bitcoin. Cada vez son más los bancos de inversión, como Grayscale, los grandes inversores individuales e institucionales, los que claramente energizan y dan mayor vida a un Bitcoin que ofrece alternativas a una Fed pusilánime que capitanea la economía americana hacia el gran iceberg de la inflación.

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