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América Latina tiene una historia pendular de sucesivos gobiernos de izquierda, de centro y derecha. En los últimos  veinte años, ha sido una constante la alternancia en el poder de gobiernos que defienden el intervencionismo y los que proclaman las reglas del libre mercado.

Desde México hasta Argentina, los pueblos latinoamericanos vienen cambiando de bando político cuando sus economías entran en etapas críticas. Con la crisis del covid-19 y los millones de pobres que ha dejado a su paso, la izquierda pareciera estar de nuevo en la jugada electoral.

Panorama político en Perú y México

El candidato izquierdista de Perú, Pedro Castillo, en una caravana durante la campaña electoral.

El próximo domingo se realizará la segunda vuelta de las elecciones presidenciales de Perú. Es posible que los electores decidan elegir a Pedro Castillo como presidente. Castillo es un sindicalista que en 2017 encabezó una huelga de maestros y desde entonces su liderazgo en el país ha crecido.

A diferencia de otros líderes de izquierda, Pedro Castillo es un marxista convencido que invoca los legados de Lenin y Fidel Castro. Durante la campaña electoral ha prometido que de ganar la presidencia nacionalizará las minas de propiedad extranjera y cobrará más impuestos al cobre. Él está en desacuerdo con la prensa libre y quiere una nueva constitución.

Paralelamente, también los electores mexicanos acudirán a las urnas para elegir al Congreso. Las encuestas vaticinan un triunfo arrollador del presidente de izquierda, Andrés Manuel López Obrador y su partido MORENA.

Desde el inicio de su mandato, AMLO ha ido a contracorriente de las señales del mercado. El presidente mexicano ha aumentado su control sobre el sector de la energía (petróleo, gas y electricidad).

Al mismo tiempo intenta asfixiar a las renovables al aprobar recientemente una reforma a la ley eléctrica (suspendida por un tribunal), que busca frenar las inversiones en energías limpias indefinidamente. AMLO prefiere las energías fósiles y ha invertido cientos de millones de dólares en subsidios a la estatal petrolera Pemex.

Chile y Brasil siguen la ruta

En Chile, después de un prolongado período de agitación política en las calles el año pasado, los votantes eligieron a un grupo importante de delegados de constituyentes de extrema izquierda. Junto con otros delegados de izquierda moderados, conforman una mayoría encargada de redactar una nueva constitución.

Argentina se bajó del caballo del libre mercado al elegir a otro izquierdista como Alberto Fernández. Después del desacertado gobierno de Mauricio Macri, un apologista del mercado “pragmático tirando a la centro derecha”, cuyo liderazgo se hundió junto con el peso argentino.

Mientras que en Brasil, ante el cuestionado manejo de la crisis pandémica por parte del presidente de derecha Jair Bolsonaro, los electores han traído al ring nuevamente al expresidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva. Pese a su comprobada participación en los escándalos de corrupción del sonado caso Lava Java.

Solo Ecuador recientemente pasó la prueba al elegir presidente a Guillermo Lasso, un político y empresario de centroderecha. En contra del candidato de izquierda y pupilo del expresidente socialista Rafael Correa, actual prófugo de la justicia ecuatoriana.

El presidente Jair Bolsonaro y el expresidente Luiz Inázio Lula da Silva.

Colombia, una crisis estimulada por el descontento social

Por último queda Colombia cada vez más cerca de elegir al socialista Gustavo Petro. El exguerrillero colombiano es señalado como uno de los principales promotores de los bloqueos de carreteras y la violencia en el país suramericano, que ha generado pérdidas por varios cientos de millones de dólares, además de 47 muertos y unos 1000 heridos.

Esta sería la tercera vez que Petro se presente como candidato presidencial en los comicios previstos para mayo de 2022. Sus posibilidades de ganar esta vez son más amplias, dado el clima de agitación económica y política que reina en Colombia en este momento.

El error de cálculo del presidente Ivan Duque al presentar la reforma fiscal en plena crisis pandémica, dio la excusa a sus oponentes para reactivar las protestas en varias ciudades del país. Especialmente en Cali, donde se originaron las protestas por la acumulación de una serie de factores sociales. Además del aumento de los impuestos y los abusos de la policía.

Detrás de las protestas en Chile, Ecuador y Colombia estaría el crecimiento de la pobreza causado por el covid-19. También, el descontento social en amplias franjas de la población joven con centenares de personas que no estudian ni trabajan. Y un plan de desestabilización de la región, financiado y dirigido por las dictaduras de Venezuela y Cuba.

La pandemia acentuó los problemas

El caso es que no existen actualmente graves problemas relacionados con crisis de hiperinflación como en el pasado. Tampoco de deudas públicas inmanejables o programas de ajuste económico asfixiantes, ni colapsos de las monedas. Con excepción de Venezuela y Argentina, dos casos crónicos de políticas monetarias desacertadas.

Quizás porque el llamado “consenso de Washington”, con el que se denominó a un conjunto de políticas públicas destinadas a impedir los presupuestos deficitarios y el control de la inflación, lo ha impedido. La mayoría de los ministros de finanzas así como los banqueros centrales de la región, se han formados en Estados Unidos.

Aunque Latinoamérica no estaba creciendo antes de la pandemia a niveles aceptables tampoco. Indicadores como el PIB per cápita ajustado por la inflación, al igual que el poder adquisitivo de los consumidores de los años 2019 y 2011, era el mismo. Es decir, que la región estaba estancada.

Solo que la pandemia sí hizo retroceder los ingresos de los latinoamericanos un 8% y los problemas aumentaron. Mientras que en China crecía 66% y en India 52%, según datos del Fondo Monetario Internacional.

¿Por qué Perú quiere virar a la izquierda?

Lo que explica este rezago de América Latina con respecto a otras regiones del mundo son sus bajas tasas de ahorro e inversión. La debacle latinoamericana coincidió con la crisis de los precios de las materias primas desde 2014. Durante la década anterior, el aumento de la demanda de China y Asia dispararon los precios de los commodities.

Cómo se explica que Perú, una de las economías con mayor tasa de crecimiento de la región quiera ahora virar hacia la izquierda marxista radical. El PIB per cápita del país se incrementó un 2% anual desde 2011 a 2019. La pobreza disminuyó al 20% en 2019 desde el 59% donde estaba en 2004.

Por otra parte, Perú tuvo un mejor desempeño que Ecuador cuando fue gobernado por Rafael Correa. Pero, la pandemia que ha castigado tan duramente a ese país, se ha encargado de allanar el camino al socialismo. Los éxitos macroeconómicos de las últimas dos décadas no cuentan.

Durante la pandemia, los ingresos sufrieron una caída del 12% y el nivel de pobreza aumentó al 30%. Sin perder de vista que Perú tiene actualmente la tasa de mortalidad por covid-19 más alta de la región. El escenario electoral empeora con la crisis de imagen que sufre la clase política peruana por los escándalos de corrupción.

La suerte de la izquierda latinoamericana

Las épocas de vacas gordas han coincidido con gobiernos socialistas como fue el caso de Venezuela con Hugo Chávez. El socialismo del siglo 21 enarbolado por el fallecido presidente, se sostuvo gracias a los gigantescos ingresos petroleros y el colosal gasto público durante sus sucesivos gobiernos.

Entre 1999 y 2008, el precio del petróleo venezolano paso de 9 US$ el barril a 130 US$. Cualquier modelo económico con semejante oxigeno habría sido tachado de exitosos por electores desprevenidos, ocupados en el festín. Fue una suerte de borrachera colectiva que duro 14 años. Después vino la resaca y el éxodo obligado para el pueblo venezolano.

Brasil, Argentina, Ecuador, Bolivia y Nicaragua disfrutaron de una gran bonanza gracias a los productos básicos hasta mediados de la década pasada. Sus gobiernos de izquierda no solo aprovecharon los altos precios de las materias primas en los mercados internacionales. También se beneficiaron de la mano amiga de Hugo Chávez.

El despilfarro socialista

Una de las tantas obras inconclusas por corrupción, dejadas por el gobierno de Hugo Chávez en Venezuela.

La generosidad del teniente coronel con planes de convertirse en figura política mundial, financió múltiples obras y negocios de gobiernos de izquierda en Latinoamérica. Desde escuelas y canchas deportivas hasta centrales hidroeléctricas, refinerías y oleoductos.

Al final, cuando botija se secó, centenares de obras millonarias en Venezuela, contratadas a empresas de China y Brasil, quedaron abandonadas o solo en el nivel de proyectos. La mayor bonanza petrolera de la historia, fue despilfarrada a manos llenas. A la sombra de la revolución de Chávez y en nombre de los pobre, creció una legión de nuevos ricos.  

Su afán de liderazgo lo llevó a despalillar alrededor de un billón de dólares. Es decir, un millón de millones de dólares en ingresos petroleros. Eso no le impidió tomar prestados varios centenares de miles de millones de dólares. La deuda externa venezolana actual se estima en unos 150.000 US$ millones.

Izquierda – derecha – izquierda

Los brasileños hartos de la corrupción de Lula y Dilma Rousseff eligieron al derechista Jair Bolsonaro. Para entonces la prosperidad de Brasil estaba cayendo. Bolsonaro logró mejorar los indicadores económicos del país pero no la pobreza. Luego vino la crisis pandémica que acabó con sus logros, aunque de nuevo el país ha retornado a sus niveles prepandémicos.

El caso chileno es bastante emblemático. Aun cuando el país tiene una relativa prosperidad, cuenta con buenos servicios públicos y es una de las economías más sobresalientes de la región, una parte de su población sigue descontenta. Los más pobres exigen mayor igualdad y atención a sus necesidades por encima de los objetivos de crecimiento.

Los votantes latinoamericanos de alguna forma han elegido a gobernantes de centro y de derecha para que arreglen los problemas que dejan sus antecesores de izquierda. Solo que el tamaño de los problemas de algunos países ha sido tal que muchos han fracasado en el intento. Sin desmeritar los errores propios cometido por los defensores del libre mercado.

El retorno de la izquierda agravaría los problemas

Independientemente de las deficiencias actuales y los problemas de desigualdad que persisten en América Latina, bajo el modelo socialista revolucionario la posibilidad de éxito para cualquiera de estos países es nula. Ya sea que Pedro Castillo obtenga la presidencia de Perú o que cualquier otro marxista llegue al poder, los problemas aumentarán.

Al decir de algunos analistas, el espejo venezolano con Hugo Chávez y Nicolás Maduro parece no haber sido suficiente. A pesar de que unos 5 millones de migrantes se han visto forzados a salir de Venezuela y hoy forman parte de los cinturones de miseria de sus propios países.

Castillo y compañía no solo perturbarán el crecimiento actual, sino que desandarán el camino recorrido. Espantarán la inversión privada nacional e internacional y conducirán a estos países por un sendero del que el mundo entero se ha devuelto. Excepto en América Latina donde el discurso populista de izquierda aún tiene oídos.

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