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Con 96 mil buques comerciales navegando por los océanos del mundo y casi 1,8 millones de tripulantes, la industria del transporte marítimo es una de las más florecientes.

O lo era, hasta que la pandemia de coronavirus llegó para trastocar todo.

El sector denuncia que está a punto de sufrir un verdadero colapso derivado de los graves problemas de logística que está padeciendo.

La complicación no es menor: el transporte marítimo es el motor de la globalización.

Según la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, por volumen, algo más del 80 por ciento del comercio mundial se realiza en buques que van desde portacontenedores hasta cisternas de combustible y naves que trasladan granos.

De acuerdo con datos dados a conocer por la Cámara de Transporte Internacional, hay cerca de 400 mil tripulantes varados en el mar o en sus casas debido a las restricciones de viaje derivadas de la pandemia de Covid-19.

Esto significa que más de la cuarta parte de todos los trabajadores del sector están sin poder desempeñar sus labores de forma normal, lo que, advierten, hará colapsar el sistema.

Un ejemplo es lo que pasó con un petrolero alemán a comienzos de junio: el barco no pudo salir a navegar porque no tenía forma de reemplazar la tripulación.

Horizonte: problemas en el transporte

Los mayores inconvenientes podrían ocurrir luego del 16 de junio, cuando expiren las extensiones de emergencia en los acuerdos laborales que regulan los contratos de la gente en el mar.

Hay casos de miles de tripulantes que están trabajando desde hace meses más allá de toda regulación contractual y excediendo los límites reglamentarios.

El problema es que cuando los propietarios de los barcos quieren reemplazarlos, no pueden porque las fronteras están cerradas y se hace casi imposible trasladarlos a todos a los puntos de embarque.

Según Guy Platten, secretario general de la Cámara de Transporte Internacional (ICS, por sus siglas en inglés), la situación “es una bomba de tiempo”, según publica Financial Times. Y agrega: “No se puede mantener a la gente trabajando indefinidamente, hay algunos que llevan más de un año en los barcos”.

El reemplazo se complica también porque hay trabajadores que no consiguen las visas de entrada o de salida de los países donde recalan los barcos, además de las suspensiones de los vuelos comerciales.

La Covid-19 agrava la tendencia proteccionista ante el comercio internacional durante este 2020
La Covid-19 agrava la tendencia proteccionista ante el comercio internacional durante este 2020.

Demoras burocráticas

En mayo, la Organización Marítima Internacional (IMO) publicó un protocolo para que los dueños de barcos hagan los recambios seguros de la tripulación.

Pero los distintos gobiernos no los están implementando a la misma velocidad y el número de tripulantes varados en el mar aumenta semanalmente.

La industria pide que se creen “corredores seguros” que permitan la libre circulación de los tripulantes de los barcos comerciales. Esto incluye designar a estos trabajadores como “esenciales” para que puedan viajar sin restricciones cuando salen o se van a incorporar a una embarcación.

Maersk, la compañía que opera la mayor flota de portacontenedores del mundo, emitió un comunicado exigiendo a las autoridades que activen los protocolos. “Es urgente establecer corredores seguros, en especial entre países clave como Filipinas e India, por ejemplo, uno de los grandes centros de recambio de tripulación. Necesitamos soluciones y colaboración global. Ahora”, dijo la empresa.

Contaminación en suspenso

La industria tenía un 2020 complicado en el horizonte. Es que desde el 1 de enero se estaban aplicando nuevos estándares de emisiones de gases a la atmósfera con la idea de reducir la contaminación.

Esto iba a impactar de manera contundente en el sector de los buques petroleros.

Antes de la pandemia, se temía que encareciera el costo del crudo y que hubiera un exceso de fuel oil, el más usado para propulsar esos buques.

Sin embargo, el Covid-19 y la guerra del petróleo que derrumbó los precios cambió el escenario y hoy nadie piensa en esos nuevos estándares. “Hay problemas más graves que la contaminación”, aseguran.

El tema ambiental no era menor: se calcula que las naves que se trasladan por los océanos queman por jornada unos tres millones de barriles de combustible de alto contenido de azufre.

Las nuevas reglamentaciones de la OMI, ahora en suspenso, dicen que los buques no podrán usar combustibles que contengan azufre en una proporción mayor del 0,5 por ciento.

Hasta el 2019, ese tope máximo de porcentaje era del 3,5 por ciento y el promedio del total de las naves, del 2,7 por ciento.

Las normas se decidieron en 2017 y se iban a aplicar desde 2020, de forma progresiva.

Esto iba a encarecer el transporte marítimo. Para tener un punto de comparación: para Maersk y MSC, las dos más grandes empresas de transporte de contenedores del planeta, los costos extra iban a ser de unos 2.000 millones de dólares para cada una.

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