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En el amanecer del 6 de enero de 1782, las tropas españolas hicieron que Mahón y casi toda la isla temblara violentamente. Toda la artillería española encargada del asedio, disparó simultáneamente sus cañones, iniciando el bombardeo del castillo de San Felipe. En la guarnición se habían refugiado las tropas británicas luego del inicio del asedio pocas semanas atrás.

Según los cálculos más recientes de José Terrón (militar e historiador 1945-2017), el parque de las tropas españolas combinadas con las franceses se ubicaban en unos 100 cañones y 35 morteros. Se estima que cada cañón disponía de 50 disparos por día y cada mortero de 20 disparos diarios. 

También según cálculos especializados, en todo el asedio se dispararon 66.815 proyectiles de cañón y 17.160 de mortero. Esto implica que se hicieron 695 disparos por cada cañón. Asií que, en el mes que duró el asedio, la media fue de 22 disparos por día. En relación con los morteros, estos hicieron una media de 520 disparos (unos 16 disparos por día).  

Los británicos, tras sufrir encerrados el intenso y constante bombardeo y efectuar algunas salidas de la fortaleza para intentar debilitar a las tropas españolas, se rindieron. Siguiendo la costumbre el general británico presentó al Capitán General de las tropas españolas sus condiciones. Estas fueron discutidas para luego finalizar con la entrega del fortín y abandono de Menorca. En total fueron 3101 personas (2667 militares y 434 civiles) las que entregaron sus banderas. De igual manera, rindieron armamento víveres y otros efectos de la defensa.  

Las tropas españolas victoriosas

Las tropas españolas atacantes eran, al inicio, unos 8 mil hombres de Infantería, Dragones y Artillería. Los refuerzos recibidos estuvieron por el orden de otros 2.238 españoles y de alrededor de 4.128 franceses. En total, las tropas ascendieron a más de 14.500 hombres faltando por incluir, los proveedores y los civiles. La expedición armada fue dotada de alrededor de 206.mil cartuchos de fusil que llegaron junto con la expedición.

Al final de la confrontación, las bajas de las tropas españolas fueron 192 muertos y 380 heridos. Los muertos fueron 4 Oficiales y 180 efectivos de tropa. Mientras que los heridos fueron 20 Oficiales y 360 elementos de tropa. Además, hubo que contar a los enfermos y, caso insólito, a los desertores al lado británico, 20, casi todos del Regimiento irlandés de Ultonia.

Los Regimientos con mayores bajas fueron, de los de Infantería, el de Burgos (29 muertos y 54 heridos) y el de Cataluña (23 muertos y 68 heridos). En los de Dragones, el de Almansa (8 muertos y 28 heridos). Entre los artilleros hubo 13 muertos y 38 heridos, 3 de éstos Oficiales. Todo esto quiere destacar que, proporcionalmente a su número, padecieron más los artilleros, pues contra ellos iba la defensa británica. De igual modo sufrieron aquellos de infantería destinados a las operaciones de zapa y fortificación.

El Rey da las gracias por la campaña Menorca

El reinado de Carlos III (1760 – 1788) se caracterizó por una incesante actividad bélica durante su reinado. Se pueden mencionar entre estas acciones la reconquista de Gibraltar y las defensas de las plazas de Ceuta y de Melilla ante los asedios de los moros. 

Asimismo destacan la operación de socorro de Argel y la expedición a Sacramento contra los portugueses. No pueden excluirse la expedición a la Florida para ayudar a la independencia de las colonias británicas norteamericanas y la participación en la Guerra “de los 7 años”. Cierra esta destacada campaña, la misma de reconquista de Menorca.

En aquellos tiempos, para recompensar los méritos obtenidos en las campañas, el Rey Carlos III otorgaba ascensos en “grado” o en “empleo” a los intervinientes destacados. Para esa época no existía un sistema formal y reglamentado de reconocimientos militares. El Rey entonces podía incluso recompensar con el ingreso en alguna de las Órdenes Militares (Santiago, Calatrava, Alcántara o Montesa). En el caso de los civiles, aparte de la distinción monetaria o “en especies”, publicaba en la Gaceta el acto de heroísmo con los detalles de los hechos.  

Otro modo acostumbrado era “dar el Rey las gracias a…” con reconocimientos entregados por el Monarca en persona. En Menorca se originó algo que, con el tiempo, acabó siendo la característica más peculiar de la conmemoración de este hechos militar. La importancia que se le dio a esta reconquista perduraría a lo largo del tiempo.

Aunque, si bien ha ido variando significado, Menorca se ha configurado como una “Pascua Militar”. En esta conmemoración el Rey, como mando supremo de las Fuerzas Armadas, se reúne con representantes castrenses y otras autoridades y otorga distinciones.

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