Madrid, 24 ago (EFECOM).- Las entidades financieras españolas, cada vez menos numerosas, afrontan la última parte del año con muchas preocupaciones, como elevar su rentabilidad y sus ingresos, y con algunas tareas importantes, como llenar sus alforjas de capital de máxima calidad capaz de absorber pérdidas.

La normativa europea de capital Basilea III establece que los bancos considerados sistémicos o demasiado importantes para caer tendrán que tener en su balance en torno al 18 % de sus activos ponderados por riesgo (APR) en forma de deuda con capacidad de absorber pérdidas, un porcentaje que es menor para los bancos más pequeños.

Con este tipo de instrumentos de deuda se evitaría que, en caso de quiebra de la entidad, se repitiera lo que ocurrió en la reciente crisis mundial, es decir, que el contribuyente pagara la factura.

Se trata del llamado requerimiento mínimo de fondos propios y pasivos admisibles (MREL, por sus siglas en inglés) y para cubrirlo las entidades pueden elegir entre tres instrumentos: la deuda subordinada, los llamados “cocos” o bonos contingentes convertibles en acciones y el más reciente, la deuda “senior” no preferente.

Este instrumento fue aprobado el pasado junio por el Gobierno mediante un real decreto-ley, y de momento el Santander ha sido el único gran banco que lo ha emitido, al menos en cuatro ocasiones desde el pasado enero, por un importe de unos 5.500 millones de euros, según datos del mercado recogidos por Efe.

Además de vigilar su capital, los bancos seguirán esforzándose este nuevo curso por elevar sus ratios de eficiencia y rentabilidad, lo que no les resulta fácil en estos momentos, sobre todo por los bajos ingresos que les reportan los créditos y otros productos debido a unos tipos de interés en mínimos históricos en toda la zona del euro.

Una de las grandes incógnitas que podrían despejarse este curso es la fecha aproximada en la que el Banco Central Europeo (BCE) podría empezar a plantearse cambiar su política monetaria y subir los tipos de interés tras largos años de tipos bajos y otras medidas para estimular la economía.

Por ello, aunque no se prevén grandes anuncios, todas las miradas estarán en Jackson Hole (EEUU), donde tendrá lugar el encuentro anual de gobernadores de bancos centrales de todo el mundo, al que asisten la presidenta de la Reserva Federal (Fed) de ese país, Janet Yellen, y su homólogo europeo, Mario Draghi.

Estados Unidos ha subido el precio del dinero dos veces este año, la última el pasado 15 de junio, con lo que situó los tipos de referencia entre el 1 % y el 1,25 %, y ya han anunciado que los elevarían de nuevo antes de fin de año.

La situación es diferente en la zona del euro, donde los tipos están en el 0 % desde marzo de 2016 y no parece que vayan a subir pronto, sobre todo porque el BCE está preocupado por la fortaleza del euro y quiere evitar mandar señales prematuras sobre los próximos movimientos de política monetaria que empeoren las condiciones financieras y entorpezcan el crecimiento.

En cuanto a los movimientos este otoño en el sector bancario, el mercado espera la venta del negocio en España de Deutsche Bank y Caixa Geral, mientras siguen las dudas acerca del futuro de entidades pequeñas como Liberbank o Ibercaja, que de momento se mantienen independientes.

Lo único claro, de momento, es la fusión entre Bankia y BMN, ambas controladas en su mayor parte por el Fondo de Reestructuración Ordenada Bancaria (FROB), prevista para finales de año y a la que podrían sumarse otras operaciones.

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